¿Sabías que cuando mencionas Limburgo, mucha gente entiende Edimburgo?
No es solo una confusión fonética. Es también una forma de medir lo desconocido que resulta aún este rincón del noreste de Bélgica, en Flandes, entre viajeros y ciclistas habituales. De hecho, los visitantes españoles apenas representan en torno al 2,3 % del total de turistas en Flandes, un dato que refleja hasta qué punto este territorio sigue siendo, para muchos, un gran desconocido.
Gracias a Visit Flandes, el organismo oficial de promoción turística de esta región, hemos tenido la oportunidad de conocer Limburgo sobre el terreno, y descubrir por qué esta región se está convirtiendo en uno de los destinos cicloturistas más interesantes de Europa.
Limburgo tiene una extensión de 2.422 km², similar a la provincia de Vizcaya. Casi la mitad de su territorio es paisaje natural o rural, destacando sus dos parques nacionales el de Bosland y Hoge Kempen, sus paisajes abiertos, los brezales y zonas agrícolas. A este paisaje se suman los terrils, antiguas escombreras mineras hoy completamente integradas en el entorno, que aportan relieve, identidad y nuevas perspectivas sobre el territorio.
Para comprender mejor esta región y el título de este artículo, es importante tener en cuenta su historia, ya que es una zona que ha aprendido a transformarse, integrándose de una forma única con su entorno natural e industrial. Durante décadas, Limburgo fue una región marcada por la minería del carbón. Un paisaje industrial, duro, que parecía condenado a desaparecer cuando, a finales del siglo XX, entre los años 80 y principios de los 90, cesó definitivamente la actividad minera.
Una de las cosas que más nos sorprendieron fue comprobar que, lejos de borrar ese pasado industrial, han ido transformando esas antiguas infraestructuras mineras en un nuevo espacio, convirtiendo a la bicicleta en una de sus mejores embajadoras para dar a conocer este territorio.
En los años 90, se crea la base de la actual red ciclista organizada mediante un sistema de nodos numerados (knooppunten), que permite recorrer el territorio enlazando los puntos existentes.
Actualmente, Flandes cuenta con unos 15.000 km de carriles y rutas ciclistas pavimentadas y mayoritariamente libres de tráfico, de las cuales, aproximadamente 2.000 kilómetros corresponden a Limburgo, conectando pueblos, espacios naturales, patrimonio industrial y propuestas culturales. Además, forma parte de la red de autopistas ciclistas de Flandes y Bruselas (“Fietssnelwegen”), diseñada para conectar ciudades mediante recorridos rápidos y seguros.


El verdadero cambio se produjo en 2010, cuando la red ciclista ya era lo suficientemente extensa y el objetivo dejó de ser solo conectar lugares para centrarse en dar sentido al recorrido. Aquí aparece el verdadero punto de inflexión: no se trata de hacer más kilómetros, sino de crear mejores experiencias ciclistas.
Para ello se creó una estrategia llamada “Cycling Synergy”, que une paisaje y ciclismo. El objetivo no era diseñar simples itinerarios, sino recorridos que permitieran al visitante descubrir el territorio de una forma diferente y sostenible. ¡Y vaya si lo consiguieron!. Hoy es posible atravesar el agua, elevarse entre las copas de los árboles y recorrer antiguos espacios mineros y brezales característicos de la zona.
Estas intervenciones han situado a Limburgo como un referente internacional en innovación paisajística y cicloturismo. Entre ellas, “Cycling through Water” (pedalear a través del agua) esta incluida en la revista TIME entre los 100 mejores lugares del mundo en 2018. Además, estas infraestructuras han recibido diversos reconocimientos internacionales, como los International Design Awards o los Landezine International Landscape Awards, especializados en arquitectura y diseño del paisaje.
¿Quieres conocer más de cerca estas experiencias ciclistas únicas e innovadoras?
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Los paisajes de Limburgo: cuatro formas de entender el territorio
Una de las cosas que más nos gustó de Limburgo fue que, aunque no es una región enorme, tiene una gran variedad de paisajes y experiencias que nos sorprendió gratamente. Para entenderla mejor he dividido el territorio en las cuatro grandes zonas, que descubrimos en cuatro días.
De Wijers: el agua como experiencia
El primer día empezamos la ruta desde Hasselt, la capital de la provincia de Limburgo. Salimos de la ciudad hasta encontrarnos con la Abadía de Herkenrode, un antiguo convento de monjas cistercienses, con casi 900 años de historia. Fue la primera abadía femenina de los antiguos Países Bajos y una de las más importantes de la región.


Al llegar a De Wijers, que significa “los estanques” en neerlandés, descubrimos una región conocida como la “tierra de los mil estanques”, un paraíso para numerosas especies de plantas y animales. Realizamos una parada en Klein Vijver, uno de los estanques de la zona, y tras ascender a la torre-mirador, pudimos observar este paisaje de agua y naturaleza, caracterizado por su gran biodiversidad.


Más de un millar de lagunas, canales y humedales crean un territorio donde el agua no es solo un elemento natural, sino el hilo conductor de todo lo que ocurre. Es en este contexto donde surge una de las intervenciones más singulares de Limburgo: la posibilidad de pedalear literalmente entre el agua.

El recorrido conocido como “Cycling through Water” (2016), en Bokrijk, atraviesa uno de estos estanques a lo largo de unos 200 metros. En el punto medio, el nivel del agua queda a la altura de los ojos del ciclista. Es una infraestructura que llama mucho la atención, y cruzarla es toda una experiencia.
Muy cerca se encuentra el museo al aire libre de Bokrijk, que reúne elementos tradicionales de distintas regiones de Flandes y permite comprender cómo era la vida en el pasado.


Nuestra primera etapa ha sido una experiencia que marca el inicio de un viaje en el que empezamos a entender el objetivo de estas infraestructuras: transformar el recorrido en una experiencia. ¡Y esto no ha hecho más que empezar!.
Haspengouw: donde el paisaje se interpreta entre fruta y arte
Si De Wijers estuvo marcado por el agua, Haspengouw se define por la tierra.



Esta región, conocida como el corazón frutícola de Bélgica, destaca por sus extensos huertos de perales, manzanos y otros frutales que transforman el entorno según la estación.
Uno de los lugares que nos ayuda a conocer mejor esta zona es el Stroopfabriek Fruit Experience Centre, en Borgloon. Ubicado en una antigua fábrica de sirope, es un centro de interpretación donde se explica cómo el cultivo de la fruta ha marcado la economía y la cultura de la región, conectando pasado y presente.



En esta zona encontramos al segundo protagonista de la ruta en bicicleta: el proyecto PIT (arte en espacio público) , impulsado por el centro cultural Z33, que convierte el entorno rural en un espacio expositivo al aire libre. Las obras no están concentradas en un único punto, sino dispersas por el territorio. La más conocida es “Reading between the Lines”, conocida como la iglesia transparente que se encuentra en medio del campo. Su estructura de acero, formada por capas superpuestas, permite ver el paisaje a través de ella. Existen otras piezas como Memento, integrada en el cementerio de Borgloon; Tranendreef, con estructuras suspendidas entre los árboles; o Twijfelgrens, que juega con la percepción, entre otras. Todas ellas completan un recorrido donde arte, naturaleza y territorio se entrelazan de forma muy natural.


Aquí encontramos el punto que marca la diferencia: no se trata solo de ver obras de arte, sino de descubrir el paisaje a través de ellas. El arte se convierte en una herramienta para interpretar el territorio.
A lo largo del camino hay otros lugares donde vale la pena hacer una parada para simplemente escuchar a la naturaleza.



Hoge Kempen: naturaleza, brezales y memoria minera
Hoge Kempen, es el primer parque nacional de Flandes con más de 12.000 hectáreas. El paisaje nos vuelve a sorprender, va cambiando constantemente: pinares, grandes extensiones de brezales, dunas interiores, lagos y antiguos espacios mineros reconvertidos.



En este parque encontramos dos de las cuatro infraestructuras experienciales de ciclismo de Limburgo.
La primera de ellas es “Cycling through the Heathland”, pedaleando a través de los brezales. Es una ruta de unos 4 km en el Parque Nacional Hoge Kempen Su elemento más característico es un puente ciclable de 300 metros, inaugurado en 2021, que se eleva sobre el paisaje, ofreciendo unas bonitas vistas del entorno y conectando con el pasado minero de la región.

Después, el recorrido continua por Mechelse Heide, donde se combinan grandes extensiones de brezo y bosques de pinos.
Poco después llegamos a Eisden, una localidad que ya nos empieza a mostrar la importancia minera de está región que sigue muy presente.


Eisden

Eisden
Tras pedalear un poco más llegamos al centro de visitantes de Parque Nacional Hoge Kempen, situado en la zona de Terhills en Eisden, sobre los antiguos terrenos mineros. Este espacio permite comprender la transformación del territorio: de antigua zona minera a destino turístico. Desde aquí parten numerosas rutas a pie y en bicicleta, y es posible acceder a los antiguos castilletes mineros reconvertidos en miradores, desde los que se obtienen una perspectiva completa del paisaje.


Un poco más adelante, llegamos a otra de las intervenciones inaugurada en 2024: “Cycling between Terrils”. Aquí, el recorrido atraviesa un gran lago mediante una pasarela flotante de unos 380 metros, situada entre los antiguos terrils de la zona de Eisden.

Estos terrils, formados por residuos mineros, han pasado de ser un símbolo industrial a convertirse en elementos icónicos del paisaje. Hoy, rodeados de agua y vegetación, ofrecen una imagen completamente distinta a la de su origen.
Muy cerca, encontramos la Estación de As, otra de las puertas de acceso al Parque Nacional Hoge Kempen. Este antiguo enclave ferroviario, vinculado al pasado minero de la región, se ha reconvertido en un espacio de interpretación desde el que comprender mejor el territorio. Cuenta con una torre de observación, un pequeño tren turístico y varias rutas que conectan directamente con el parque.



Al llegar a Genk nos llaman la atención unas letras “C-Mine”. Se trata de un antiguo emplazamiento industrial que se ha transformado en un espacio vivo, con propuestas culturales, zonas de ocio y centros creativos como la escuela de arte LUCA. No será el único con el que nos encontraremos a lo largo de este viaje.



En la etapa de hoy queda muy claro cómo Limburgo ha sido capaz de transformar su territorio sin perder su identidad.
Parque Nacional de Bosland: pedaleando entre árboles, arte y paisaje transformado

Bosland, reconocido como Parque Nacional en 2023, es uno de los mayores espacios forestales de Flandes, con unas 6.000 hectáreas de pinares y paisajes arenosos. A diferencia de Hoge Kempen, aquí el entorno es más cerrado y denso, ofreciendo una experiencia más inmersiva entre los árboles.Pedaleamos largos tramos rodeados de pura naturaleza. Al llegar al nodo 272 un cartel nos indica que hemos llegado a una de las experiencias más esperadas de esta ruta: “Cycling through the Trees”. Seguimos las indicaciones y poco a poco comenzamos a realizar un recorrido circular y ascendente, elevándonos progresivamente hasta la altura de las copas de los árboles, desde donde se disfruta de una perspectiva única del bosque.



Durante el recorrido, descubrimos que también aquí el arte se integra en el paisaje gracias al artista Will Beckers, que trabaja directamente con la naturaleza. Sus obras en muchos casos, no están señalizadas de forma clara, lo que refuerza esa idea de descubrimiento: aquí el arte no se visita, se encuentra.
Nosotros pudimos descubrir una de sus obras en Bosland, Into the Trees, construida con ramas entrelazadas y perfectamente integrada en el entorno. Su forma orgánica invita a detenerse y observar el bosque desde otra perspectiva.


Seguimos pedaleando y el bosque nos rodea por los cuatro costados, es una sensación única, siempre acompañados por el sonido de la naturaleza.




La última etapa del día fue Beringen, donde encontramos Be-MINE, que va en la misma línea que el C-Mine de Genk, pero con un enfoque más activo y experiencial. Destaca la Avonturenberg, una montaña minera reconvertida en espacio de ocio activo, desde la que se obtienen vistas panorámicas del entorno. Muy cerca, se encuentra TODI, una antigua estructura industrial transformada en un centro de buceo de agua dulce único en Europa, que alcanza los 10 metros de profundidad y ofrece una experiencia inmersiva entre miles de peces tropicales. Una combinación inesperada que resume muy bien la capacidad de reinvención de la región.
Para finalizar…
Limburgo nos ha sorprendido gratamente. Siempre que viajamos en bicicleta buscamos disfrutar de la naturaleza, descubrir nuevos destinos sin prisas y detenernos en aquellos lugares que tienen algo que ofrecer y como no, conocer a los lugareños.
En Limburgo, la bicicleta forma parte del estilo de vida de los flamencos, y eso se percibe en cada tramo del recorrido. Los carriles están muy bien señalizados y las infraestructuras ciclistas son muy buenas. Disfrutamos al ver como los peatones y ciclistas comparten no solo los espacios sino también los medios de transporte. Coger un tren no es un problema en absoluto. El respeto mutuo se convierte en la base para disfrutar plenamente de un medio de transporte sostenible, donde además de desplazarte de un lugar a otro, te permite vivir una experiencia con identidad propia. .






Por último, durante nuestro recorrido tuvimos que parar para recuperar fuerzas. A lo largo del camino encuentras terrazas, cafés ciclistas y paisajes agrícolas donde el producto de proximidad forma parte esencial de la experiencia.


No podemos dejar de mencionar la tradición cervecera belga, reconocida por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad desde 2016. Una tradición a la que también nos unimos. Durante el viaje fuimos descubriendo cervezas y las cervecerías locales y el último día brindamos para celebrar la experiencia ciclista vivida.
A continuación, os dejamos un pequeño video sobre las cuatro infraestructuras más sorprendentes mencionadas de Limburgo, para que podáis haceros una idea de cómo se vive esta experiencia sobre dos ruedas.

