Cada día me asomo a la ventana, buscando un huequecico entre los edificios de mi Villena para poder admirar el Castillo de la Atalaya y la imponente Iglesia de Santiago con sus columnas helicoidales.

De repente, me pongo a soñar con lo vivido y lo que nos queda por vivir… y me doy cuenta de lo que echo de menos poder disfrutar de un paseo por el casco antiguo, visitar el imponente tesoro y su arracada, el modernismo de Villena, en poder disfrutar de un buen “triguico”, unos “gazpachos” o un buen “arroz de Alicante” bien maridado con un “vino DO Alicante”, y acabar con un “licor de Hierbas” rodeada de mi gente.

De repente, escucho música y pienso en conciertos de bandas de música, festivales de música,jazz, rock, música medieval, pasodobles, marchas moras y cristianas, en el colorido de las fiestas de Moros y Cristianos, en el olor a pólvora y alábega, en las Hogueras y el fuego.

Es momento de jugar con la peque, y me vienen a la mente miles de recuerdos en el Valle del Juguete, Onil e Ibi, donde se vuelve a ser niño… el museo del juguete, de la muñeca, el Hotel del Juguete, las tantas fábricas de juguetes que hacen realidad la fantasía de tantos niños, las monas de chocolate de la pastelería Rico, y en los helados artesanos de Pedro Palacios.

Sigo soñando con Alcoi y su espectacular Nadal, en el Campamento de los Reyes Magos, en sus puentes, en sus fiestas de Moros y Cristianos, en su Refugi, su Modernismo, me vienen flashes de Cocentaina y su tradicional Fira de Tots Sants. Jijona, me recuerdas por ser la ciudad más dulce, tu turrón y la bonita feria de Navidad.

Monforte del Cid, me impresionaste con tu Museo Íbero, tus campos de golf, tus calles y tu feria medieval, tus licores, y junto al resto de poblaciones del Valle de las Uvas, la uva de mesa, tan dulce y deliciosa que ningún español se resiste en Fin de Año.

Miro mis zapatos, y pienso en la gran cantidad de fábricas de zapatos de Villena, Elda, Petrel y Elche que durante años llevan fabricando calzado para todo el mundo y tiene hasta un gran museo en Elda.

Elche, la única ciudad española en tener 3 Patrimonios de la Humanidad, el Palmeral, el Misteri, y el Museo Pusol. Simplemente espectacular, por no hablar de la deliciosa Granada Mollar.

La Vega Baja y su huerta, sus alcachofas, tierra de Miguel Hernández, y su característico acento la hacen tener una fuerte identidad.

Echo de menos pasear por la explanada de Alicante, el puerto, el castillo de Sta Bárbara, o perderme por el casco antiguo de Altea con sus callecitas blancas y su característica cúpula azul.

Necesito el sonido del mar, el olor a sal, los colores del Mediterráneo, notar la brisa del mar, la luz del sol de la Costa Blanca, la alegría de sus gentes.

Pero también necesito sus castillos, su patrimonio, su gastronomía, sus parques naturales, su flora y fauna, sus almendros en flor…

Necesito pasear por los viñedos, tomar un buen vino de “Uvas Cabrera” en un riu-rau de la Marina Alta,   y  un   Moscatel  “M de Alejandría” maridando una Coca de  Mollitas.

Necesito poder contemplar una puesta de sol con el Peñón de Ifach de fondo, o disfrutar de un «arroz del senyoret». Necesito poder pasear por pueblos con encanto como Biar y desconectar del mundo.

Necesito las calles con turistas fotografiando cada rincón que les sorprende, necesito las agencias de viajes vendiendo sueños a los viajeros, necesito a los guías haciendo felices a los turistas, los hoteles y restaurantes ofreciendo experiencias, las oficinas de turismo dando consejos e información para que los turistas no se pierdan nada.

Necesito vuestras sonrisas, vuestras experiencias, vuestras fotos desde cada punto del mundo.

Necesito el turismo para vivir.

Estoy segura que #volveremosaviajar, yo me quedo en la #Costablanca. ¿Y tú?

©del artículo y de las fotos: Pepi Tomás