En esta hermosa tierra alejada del ajetreo y el bullicio moderno al que la mayoría de los mortales estamos acostumbrados, tuve la oportunidad, no hace mucho, de viajar por una pequeña parte de este país. Sabía que era interesante y muy pronto averigüé que se trataba de uno de los lugares más maravillosos del planeta. Admiré sus paisajes, junto a su flora y su fauna, que es el mejor regalo que la Naturaleza le ha dado a Mongolia, y conversé con su gente simple y educada. También sabía que era un país con mucha historia, aunque lo que no me dijeron es que, hoy por hoy, apenas se vive de aquel recuerdo.

Y, aunque se trata de un país sin litoral, situado en una zona de Asia nororiental, haciendo frontera con China y Rusia, repito, aun así, merece la pena. El territorio total de Mongolia es de 1.566 millones de kilómetros cuadrados, casi nada. Aunque eso sí, solo tiene 3.000.000 de habitantes, de los que casi un tercio viven en su capital Ulán Bator. En resumidas cuentas, un país con futuro y con muchas ganas de mostrarse al mundo de occidente.

Como ya dije al comienzo, cuenta con una historia repleta de poder y voracidad invasora desde tiempos lejanos, y con una naturaleza muy rica e interesante. Y, por si todo esto fuera poco, se trata de un país demócrata y muy tranquilo. Su capital responde al estereotipo de ciudad grande y desapacible, y únicamente debería ocuparnos una pequeña parte de nuestro viaje a la hora de visitarla. Sin embargo, no hay que olvidar que esta urbe, que día a día va en aumento, alberga varios de los templos budistas más importantes de Mongolia.

Cuando nos encontramos en Ulán Bator (Ulaanbaatar), veremos que la ciudad ofrece varios lugares de interés, como es el monasterio de Choijin Lama, el Monasterio de Gandan, la estatua de oro de Buda, el Palacio de Invierno, y la Plaza Sukhbaatar, en la que se encuentra el Parlamento y una gran estatua de Gengis Kan.

Otro lugar de Mongolia que es muy interesante y que no hay que perderse es Karakorum (la antigua capital), donde se dice que nació su héroe nacional, y en donde se encuentra el Monasterio budista de Erdene Zuu. Todo este vasto territorio se halla a una altitud media de 1580 metros sobre el nivel del mar, y la montaña más alta del país se llama Altai que se encuentra en su parte occidental. Pero, antes de despedirnos de este lugar,  no hay que olvidar visitar el Monasterio de Amarbayasgalant, a orillas del río Selenge, con su mezcla de estilos arquitectónicos mongoles, chinos y tibetanos.

Sin embargo, en la Mongolia rural, la espectacularidad de sus paisajes y tradiciones ancestrales nómadas hacen de este destino un paraíso para los amantes de la aventura, la naturaleza y la antropología. Hacer excursiones a caballo o a pie por los alrededores de un lago es una opción estupenda. A la hora de viajar por parte de su territorio habrá que recordar que las distancias son grandes: sólo hay asfalto en las carreteras que rodean a las principales ciudades, como es su capital.

Ya he comentado que esta es una tierra dominada por las grandes estepas, altas montañas y el inmenso desierto de Gobi, lo que conforma el decimonoveno país más extenso del mundo. Algo más de 1.500.000 kilómetros cuadrados donde habitan tan solo 2.800.000 personas, gran parte de ellas nómadas. Y uno puede llegar a pensar que pocas cosas han cambiado desde aquel gran imperio mongol, pero nada más lejos de la realidad. De hecho Mongolia es en la actualidad un país que se asoma con toda rapidez a la modernidad y en el que los caballos, que han formado parte siempre de la vida de estas gentes, han cedido el paso a las motos y los coches todoterreno ultramodernos.

Discurrir por la inmensa extensión de terreno salvaje que hay en este país, en donde aparecen de cuando en cuando monasterios budistas, ríos, lagos y pequeños pueblos, merecerá la pena. No hace falta irse muy lejos para vivirlo: nada más salir de Ulán Bator se puede observar el mismo paisaje que uno seguirá viendo día tras día. También las travesías en camello por las dunas del desierto de Gobi son uno de los platos fuertes de Mongolia, donde es posible encontrar fósiles de dinosaurios con bastante facilidad. Eso sí: hay que tener en cuenta que únicamente el 3% de este desierto tiene dunas, el resto del Gobi está muy lejos de la imagen idílica de un desierto convencional como algunos que vemos en las películas.

Otro de los atractivos turísticos cuando encontramos viajando por este bello país es la posibilidad de descubrir las diferentes formas de vida que todavía perviven. Pasar unas horas, o alguna noche, con una familia mongola en un ger (tienda típica de los nómadas) es la mejor manera de poder llevarse de vuelta a casa una pequeña idea de cómo vivía esta gente hace cientos de años.

Consejos antes de viajar

Para viajar a Mongolia se requiere visado para visitas de hasta 30 días y, normalmente, una invitación de una persona mongola para las estancias superiores. No se necesitan vacunas obligatorias para entrar en Mongolia, sin embargo dado que el país no tiene unas condiciones sanitarias tan buenas como las nuestras, se recomienda ir preparado y ponerse alguna vacuna como podrían ser: tétanos, polio, fiebre tifoidea, rabia y hepatitis, para poder estar más tranquilos y disfrutar mejor de unas tranquilas vacaciones. El clima es de tipo continental-estepario con grandes variaciones térmicas, un clima muy extremo que hace que nuestro viaje sea agradable en momentos puntuales del año. El calor es asfixiante en verano y en invierno las temperaturas descienden a menos treinta grados centígrados, dependiendo donde nos encontremos.

En la capital Ulan Bator existen diferentes horarios, sobre todo para las tiendas y negocios, que van desde las 10:00 horas hasta las 21:00 horas, aproximadamente. Algunos abren los fines de semana por la mañana, y los bancos tienen solo horario de mañanas. En el resto del país existen pocas tiendas y restaurantes para turistas, por ello lo mejor sería consultar a la propia gente por sus costumbres locales cuando llegamos a alguna ciudad.

 

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