Hay muchos Londres: es una ciudad bulliciosa y tranquila, culta y divertida, anciana y jovial, romántica y sabia

El pasado mayo regresamos a Londres. Veintiséis años desde la primera vez que visitamos la capital del Reino Unido, y treinta años de celebración de aniversario.

Como “frikis” o forofos (quizá quede más fino así), del universo Harry Potter, pensamos que la mejor manera de celebrar la efeméride era desplazarnos a los Estudios Warner Bros de Harry Potter y sumergirnos en la magia de sus películas y todo lo que nos han hecho sentir.

Pero antes de entrar en materia, os diré que volamos desde Alicante al aeropuerto de Stansted, y desde allí tomamos el Stansted Express hasta llegar a la estación de Liverpool Street.

Nosotros compramos los tickets con anterioridad por internet pero no es necesario elegir ninguna hora, simplemente tomas el tren y te marchas. Una vez en Liverpool Street buscamos la estación de metro, la circle line hasta Blackfriars. En esa avenida era donde se encontraba nuestro hotel, y aunque era un paseo, caminar por la zona de Southwark viendo los rascacielos y junto al Támesis, resultaba de lo más agradable.

Estación de Liverpool Street

Puente de Southwark con Tower Bridge al fondo y el edificio Walkie-Talkie

Cuando llegamos a Londres, la urbe nos recibió con una ola de calor, aunque mucho menos intensa de las que estamos viviendo ahora en nuestra provincia. Era llevadera, pero no toda la ciudad está preparada para un calor así. Muchos restaurantes, comercios, líneas de autobuses y metro no disponen de aire acondicionado.

A unos quince minutos de nuestro hotel se encontraba el London Eye, y por supuesto nos acercamos a la zona. La verdad es que estamos bastante contentos de habernos alojado en Blackkfriars o la zona financiera, como también la llaman. Es la zona sur del Támesis.

Palacio de Westminster y el Big Ben al fondo

Más tarde, nos fuimos a cenar cerca del hotel, a un bar llamado “El Ring”, con bastantes buenas críticas. No cenamos mal, y la cena iba acompañada por dos buenas pintas de cerveza.

Al día siguiente empezaba la aventura que os relataba antes sobre Harry Potter, y para ello, comenzaré hablando de la colección de films que integran este universo de fantasía. Van por orden y son ocho: Harry Potter y la piedra filosofal. Harry Potter y la Cámara Secreta. HP y el prisionero de Azkaban. HP y  el cáliz de fuego. HP y la orden del Fénix. HP y el misterio del Príncipe. Y las dos últimas, que a su vez son las más oscuras y siniestras: HP y las reliquias de la muerte I y II. La fértil imaginación de J.K. Rowling y la maestría en llevar al cine sus libros, nos condujo a Londres, aunque años antes habíamos visitado una exposición de la saga en Valencia.

Bien, para los que quieren ir a ver los estudios Warner Bros Studio Tours, os diré que merece la pena, al menos para mí. La entrada no es barata, y hay dos maneras de acceder: una es acceder por tu cuenta, en transporte público (ya lo contó Pepi Tomás en su post aparte de otras muchas curiosidades. Si no lo habéis leído, ¡no os lo perdáis!). La otra forma es con transporte organizado. Es por este último por el que nosotros optamos; en este caso lo hicimos con Golden Tours. El autobús salía de varios puntos de Londres, pero el más famoso y donde se subieron más personas era en Bulleid way, cerca de la Estación Victoria.

El importe de lo que pagas incluye el transporte y la entrada a los estudios. Y te garantiza entrar a la hora estipulada, porque tienes un margen de una media hora para poder entrar. Es decir, que cuando adquieres la entrada por tu cuenta, si por lo que sea te retrasas, puedes tener problemas y que no te dejen entrar.  Y es que siempre hay algo de cola.

Nosotros nos llevamos un bocadillo y preferimos comer antes de entrar. Ya afuera, te encuentras con unas paredes empapeladas con los prisioneros de Azkaban, y hasta llegar a la entrada hay un pasillo de esculturas con las varitas más sonadas de la serie: la de Hermione, Harry, Dumbledore, etc…

Una vez dentro, nosotros optamos por ir primero a la tienda, ya que sabíamos que después no íbamos a disponer de tiempo, apurando hasta los últimos minutos.

Si sois fans de la saga y las habéis visto todas, a mi parecer no necesitáis para nada los auriculares que te ofrecen en la recepción. Además, fallaban mucho y no ofrecían ninguna información adicional de interés.

Túnicas de quidditch

Allí te ofrecen un pasaporte con pruebas que debes ir completando. Una buena idea para tener a los niños entretenidos.

Por cierto que las películas de Harry Potter no me parecen aptas para niños. Se ha establecido la creencia de que como en la primera película los actores y actrices eran niños y los vimos crecer en cada película, son recomendables para este tipo de público. Creo que es mejor esperar a que lleguen al menos hasta una pronta adolescencia.

Dentro del circuito ves el tren de Hogwarts, la casa de los Weasley, el banco Gringotts, el comedor de Hogwarts, el Bosque Prohibido… Incluso te pueden enseñar a jugar al quidditch. Hay un momento, a mitad de recorrido en que te encuentras con el bar-restaurante. Allí es el lugar donde te puedes tomar una apetitosa cerveza de mantequilla. Los que hayan visto la saga, sabrán que la cerveza de mantequilla se consumía en el bar que había cerca de Hogwarts. Claro, la han adaptado para el consumo de menores y la verdad que a mí me gustó mucho. No tiene nada que ver con la cerveza; es una bebida dulce, con una espuma de algo parecido a merengue. Es muy curiosa, y si no la habéis probado y os gustan las bebidas dulces,  seguro que os sorprende.

Si os gusta conservar los recuerdos, pide la jarra en lugar del vaso. Luego puedes lavarla y llevártela de recuerdo porque es de plástico grueso.

Organizándote bastante bien, tienes tiempo a todo.

A la hora establecida nos estaba esperando el autobús en el punto donde nos había dejado. Y al regresar a la Estación Victoria, un atasco monumental le hizo dejarnos en otro lugar y cambiar nuestros planes de qué metro tomar y de dónde para nuestro hotel.

Pese al inconveniente del cambio de planes, tuvimos la oportunidad de contemplar The Marble Arch, que siempre es una maravilla:

Una buena forma de viajar en metro es sacarte la tarjeta “Revolut”. Funciona como cualquier otra tarjeta bancaria pero te evitas comisiones por cambio de divisa. Nosotros nos la descargamos en el móvil y así pagábamos a la entrada al metro (hay que volver a pasar el móvil al salir porque si no lo haces, te cobran el importe máximo). Por muchos metros que tomes, pagarás un importe máximo. Los autobuses son más económicos.

Visitar los “Rooftop” lo puedes hacer si no te quieres gastar demasiado dinero, y si no quieres hacer demasiadas colas. Nosotros teníamos el “Tate modern” cerca, y aparte de que es un museo de arte moderno muy interesante, las vistas desde el último piso son una maravilla. No cobran nada por subir, tan solo el café, que por cierto está muy rico, o lo que te quieras tomar en la cafetería. Puedes contemplar el Shard, que es el edificio más alto de Londres, y la Catedral de St. Paul entre otros.

Paseo de Southwark

El Horizon 22 publica sus fechas libres cada lunes para los siguientes catorce días. Es difícil conseguir cita si no lo planificas con antelación. Pero quizá tengas suerte y haya algo disponible el mismo día, para lo cual tendrías que presentarte directamente allí.

Otro edificio con bonitas vistas, sobre todo a la catedral de St. Paul, es el One New Change. Es un pequeño centro comercial con un ascensor exterior de cristal, y en la azotea, hay un pub llamado “Madison”. Nos hubiéramos tomado algo allí pero tenía la música muy alta. No obstante, no es necesario consumir para poder ir a contemplar las vistas.

Vista de la catedral de St. Paul desde One New Change
El río Támesis al atardecer con el Shard al fondo

Por cierto que en la planta baja hay un supermercado Marks & Spencer. Allí puedes adquirir platos preparados, al igual que en los Tesco o Sainsbury’s, y en todos hay ofertas tanto para comer como para el desayuno.

Contratamos también una visita guiada por la City of London o Londinium. El guía te cuenta los inicios de Londres y cómo llegó a convertirse en la capital financiera que es hoy día. Pasas por la Torre de Londres y Tower Bridge entre otros. Paseas por una de las riberas del Támesis, visitas St. Dunstan in the East, pasas por el Mercado Leadenhall, que también aparece en algunas de las películas de Harry Potter, y muchos más lugares que no os quiero desvelar por si decidís contratar esta visita. La verdad es que salimos encantados.

Mercado de Leadenhall

La escultura de arriba marca uno de los límites de la City de Londres. Os transmito lo que aprendí allí, y es que Londres tiene dos alcaldes: el Mayor of London que gobierna el gran Londres, con casi nueve millones de habitantes, y el Lord Mayor de la City de Londres que gobierna un pequeño territorio de menos de tres kilómetros cuadrados y cuyo cargo existe desde hace más de ochocientos años.

Edificio Walkie-Talkie

Uno de los días quisimos ir a comer al Mercato Mayfair. Se trata de una iglesia desacralizada que alberga pequeños restaurantes de comida de todo el mundo, pero como dije al principio del reportaje, Londres no está completamente preparada para olas de calor, y allí no había aire acondicionado, por lo que nos marchamos.

Nuestro avión partía por la tarde, así que esa mañana decidí desayunar porridge (es como una pasta de avena con leche) y luego nos marchamos a terminar el viaje conforme a la intención con la que fuimos, y así, tomamos el autobús para dirigirnos a la estación de King’s Cross. Allí se encuentra el famoso andén 9 y ¾, y es que desde esa plataforma partía el tren que llevaba a Harry Potter y a los alumnos de Hogwarts al Castillo donde continuarían sus enseñanzas como magos y magas. Que no es ese el andén “original” porque llegó un momento que se agolpaba tantísima gente allí, impidiendo tomar los trenes con normalidad, que hicieron otro andén en el hall de la estación.

St. Pancras a la izquierda. King’s Cross a la derecha

Espero que os haya gustado este relato. Londres, pese a todas las dificultades: sacar el impreso ETA, pagar 20 euros por él, tener el pasaporte en regla, y ser una ciudad bastante cara para los españoles, me dejó un buen sabor de boca, y siempre con la puerta abierta a regresar porque hay muchos Londres. Es una ciudad bulliciosa y tranquila, culta y divertida, anciana y jovial, romántica y sabia.

Mi agradecimiento a Pepi Tomás, secretaria de AAPET, por informarme con su viaje previo a la capital de Inglaterra, a Alison Lorente por sus indicaciones, a Javier Hofmaister por sus impresiones londinenses, y muy especialmente y con un gran cariño a Silvia Ibáñez Seva, por su paciencia y por informarnos tan bien. Su esmerada dedicación nos resultó de suma ayuda.  

Fdo. Cristina Arroyo Martínez

Por Cristina Arroyo

Escritora. Autora de artículos turísticos. Autora de los libros "Los Vértices del Cariño", "Historias de un bar con música a menos tres escalones", y "La Senda del Camaleón". Editora de la novela histórica "Al-Azraq, el árabe". Presidenta de AAPET

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