No he podido resistirme a contarles la ingeniosa experiencia de este amigo durante el obligado confinamiento de la pandemia de la COVID-19.

El protagonista es Ramón David Rocamora, ROCA para su gente. Es Maestro, Profesor de Educación Física y deportista.

El Decreto de aislamiento le sorprendió a él y a sus hijas en el chalet de sus padres. Reubicarse en la nueva casa, separados de su mujer y de su vivienda habitual quedó resuelto de inmediato al tratarse de una vivienda unifamiliar espaciosa con dos alturas y sótano; y contar con la favorable predisposición de los abuelos para quienes convivir con sus nietos prometía ser más divertido, así que pronto se acomodaron.

El problema estaba en romper con sus hábitos y necesidades deportivas: Acostumbrados a habituales y frecuentes experiencias al aire libre: Senderismo, escalada, vías ferratas, tirolina, rappels, etc., parecía que el aislamiento y la monotonía haría peligrar sus entrenamientos; y más concretamente los del propio Ramón David que acababa de comprometerse con un grupo de amigos, en un programa preparatorio para el futuro ascenso a algunas montañas fuera de nuestro País. Esta era su principal pesadilla.

Entonces empezó a desarrollar ideas imaginativas para incorporar los entrenamientos a la nueva situación, compatibilizarla con el previsible largo periodo esperado de confinamiento.

Pero conociendo a Ramón David y su pasión por el deporte no tardaría en encontrar soluciones alternativas. Conocí a Roca en la Serra Grossa, donde coincidimos haciendo senderismo. Recientemente volví a verle mientras relataba su experiencia a un equipo de televisión local, en la Sierra de San Julián, junto a la Serra Grossa.

Ambas conforman un paraje medioambiental, ecológico y cultural de gran valor, pulmón y memoria de Alicante. Brindan un excelente escenario para el desarrollo de actividades deportivas y culturales. Pasear por estos parajes es recorrer hitos de la historia de Alicante, desde las primeras huellas prehistóricas, los primeros asentamientos poblacionales ibero romanos, construcciones bélicas de nuestra Guerra Civil, preciosas vistas y perspectivas del puerto y las playas urbanas de Alicante y más a nuestros pies las recientes obras de ingeniería de la implantación del TRAM.

También están presentes en el paisaje las tristemente heridas contemporáneas protagonizadas por ese sector vandálico de la sociedad que parece motivarle arrasarlo todo y no importarle el impacto negativo de su ciudad o impedir el disfrute de sus otros conciudadanos, ni la contaminación derivada de sus acciones. Es verdaderamente lamentable ver destrozadas las incipientes obras de planificación municipal y riego por goteo que en su día acometiera con ilusión y sus propios recursos ECISA, en la Sierra de San Julián, gracias a las cuales se conservan hoy algunos pinos que no han sucumbido ante la plaga de la Xylella fastidiosa.

La pasión de ROCA por el deporte es más que profesional, es visceral y contagiosa. Sé por algunos vecinos míos, con hijos en el Colegio donde imparte clases Ramón David, que se trata de un profesor de educación física y deportes que vive apasionadamente su profesión y la contagia en sus aulas.

Ramón David es dado a desenfadadas reuniones familiares y de amigos; con el deporte como argumento principal ha creado varios grupos de amistad, para practicar en común nuevas rutas senderistas y todo lo que este deporte lleva consigo. Roca las experimenta y estudia primero para después grabarlas y ponerlas al alcance de sus alumnos y familiares. Gusta de unir a las familias por medio del deporte y la suya siempre va por delante: Su mujer, Ana GUSSI y sus hijas (Ruth, Noemí y Andrea). También le viene de familia.

En esta foto aparece con un muñeco en las manos, se trata de su inseparable “chiquillo” (cámara de fotos y trípode).

Durante el confinamiento actual, la imaginación le sugirió desarrollar una idea. ROCA Ramón David venció a la zozobra y tematizó las escaleras de su casa como la vía de acceso a la montaña para sobrellevar el confinamiento del COVID-19. También la sugirió a los amigos que pudieran seguirle desde sus casas, gracias a los medios de comunicación social. Se trataba no solo de continuar con su exigente mantenimiento preparatorio sino llegar a alcanzar virtualmente las cumbres de su objetivo. Una sencilla fórmula matemática, por algo es profesor, le sugirió idea.

Se trataba de subir las escaleras de su casa tantas veces como fuera necesario para completar la cota de la montaña elegida como objetivo. Todo a medida y lo más fielmente programado: Etapas, descansos, pertrechos, y a la medida de cada cual. Un verdadero derroche de ingenio que de inmediato contagió a sus seguidores, amigos y a sus hijos, que se unieron a la aventuran en equipo. Lo llamó algo así como los “ocho miles desde casa”. Y su aventura ha saltado a los medios.

Vaya nuestra felicitación desde aquí. Una prueba de que el confinamiento no debe ser excusa para la imaginación.

Pueden seguirle y conocer sus aventuras y adherirse a sus grupos de amistad. Es fácil localizarle en los medios, yo de momento aquí les dejo su blog:

https://envelopesteam.blogspot.com/