Abordamos las campañas turísticas de Comunitat Valenciana y Región de Murcia
y cómo la felicidad se ha convertido en un nuevo eje del marketing de destinos.
El turismo, durante años, ha vendido Sol, playas infinitas, monumentos, paisajes, gastronomía, fiestas,… Pero, de un tiempo a esta parte, las campañas turísticas institucionales comienzan a alejarse de enseñar únicamente lugares para intentar vender algo mucho más complejo: emociones.
Y aquí aparece una coincidencia que, cuanto menos, me ha resultado curiosa 😉
Por un lado, Turisme Comunitat Valenciana lanza una campaña que rompe con códigos tradicionales: «¿Será esto la felicidad?«. Una propuesta donde prácticamente desaparecen los grandes iconos turísticos y donde lo cotidiano se convierte en protagonista. Más que enseñar destinos, plantea una pregunta al espectador. Una invitación casi íntima: pequeños momentos, sensaciones y esa felicidad que parece esconderse en cosas sencillas.
Y casi al mismo tiempo, la Región de Murcia llega con una respuesta —o al menos eso parece a primera vista—: «Felicidad de la buena«. Ya no pregunta. Afirma. No deja espacio a la duda. Hay una seguridad casi rotunda en el mensaje: aquí la felicidad existe y además es auténtica.
¿Coincidencia? Posiblemente. ¿Respuesta estratégica? No sabemos …
No hemos encontrado referencias que indiquen una intención explícita de Murcia de responder a la Comunitat Valenciana. Y probablemente no la haya. Pero la situación tiene su punto de reflexión porque ambas campañas terminan orbitando alrededor de una misma palabra ¡FELICIDAD!
Y eso quizá sea lo realmente interesante. Durante años los destinos han mostrado tener la mejor playa, el mejor clima o el monumento más visitado. Ahora parece que «compiten» por algo más abstracto: cómo se siente el turista o visitante.
Porque un destino ya no quiere ser solo un lugar que visitas; quiere convertirse en un estado emocional.
La Comunitat Valenciana pregunta si quizá la felicidad sea esa conversación sin prisas, ese instante compartido o ese pequeño placer cotidiano. Murcia responde que la felicidad existe y que, además, es «de la buena«.
Dos maneras distintas de comunicar. Dos tonos completamente diferentes. Y una misma intuición detrás: el turista ya no compra únicamente viajes; busca sentirse mejor… busca sentir la FELICIDAD 🙂
Quizá lo más curioso es que, posiblemente sin pretenderlo, ambas campañas terminan dialogando entre sí.

Llegados a este punto, os preguntamos, también vosotr@s pensáis que ¿los destinos turísticos han dejado de vender lugares para vender emociones?
De ser así, quizás, la verdadera competencia ya no estará tanto en nuestra cabeza sino, seguramente, en nuestros corazones… ¡Os leemos en comentarios!
