La asociación Alicantina de Periodistas y Escritores de Turismo ha regresado del paréntesis vacacional con muchas ganas. Y así se ha demostrado en la XIX Tertulia que organiza AAPET en colaboración con Meliá Alicante.

Esta tarde hemos podido contar con una figura de prestigio, y con un formato distinto al habitual: el afamado arquitecto D. Roberto Pérez Guerras ha dado una charla que ha sido todo un lujo para los presentes.

Hablar de Roberto Pérez Guerras es hablar de uno de los arquitectos más prestigiosos de España, que cuenta con numerosa obra en todo el mundo. Sus anteproyectos y construcciones gozan de elevado prestigio: En Omán, libia, Kuwait, República Dominicana, Argelia… Y sin olvidar España: numerosos edificios residenciales, naves comerciales, hoteles, complejos turísticos… Solo en nuestra zona, en la costa Blanca, cuenta con elevado número de construcciones; de ellas, por su posición como rascacielos residencial más alto de España, no podemos dejar de nombrar al edificio “In Tempo” de Benidorm.

 

“A los nueve años dije que quería hacer casas”… Comienza D. Roberto hablando de sus recuerdos y de que ni siquiera sabía que eso era ser arquitecto.
De procedencia barcelonesa, nos ha explicado que se matriculó en Barcelona de arquitectura y urbanismo porque no sabía por qué carrera decantarse, por lo que hizo las dos. Explica los detalles personales por los cuales acaba en Alicante, un lugar donde en un principio no pensaba estar más de dos años. Pero esto fue cambiando gracias a que le empiezan a salir proyectos, primeramente en Monóvar.
Con gran cercanía, el arquitecto nos ha contado que luego consiguió trabajo en Villena, y con veintisiete años se iba a desayunar donde estaban los promotores-constructores (“antiguamente los promotores eran constructores también” – añade), y cómo empezó a conocerlos en los bares donde desayunaban, para lo cual estaba a las 7.10 a.m con su café y el cantueso que era costumbre tomar después del café. El asunto no le fue mal… Explica Pérez Guerras que empieza a construir edificios con parques interiores, en Torrevieja y luego en Murcia, pensando sobre todo en cómo piensa la persona que va a comprar. “El minimalismo acabó con la arquitectura tradicional”, comenta dirigiéndose a la parte más técnica de la mesa: el aparejador Fernando Martínez, el arquitecto Juan José Martí, y el ingeniero Damián Uclés.

Pérez Guerras nos habla de las “Esferas Gemelas” situadas en el Campo de las Naciones, en Madrid. De cómo le costó conseguir los cristales con argón para construirlas, trayéndolo de Singapur, del atentado de ETA en 2005 que dañó las esferas pero que gracias a ellas amortiguaron un impacto que hubiera sido mucho peor.

Hablamos de Alicante, y comenta que necesitaría una cátedra, una planificación donde cada proyecto traería una consecuencia que hay que prever, y para ello habría que poner también soluciones. “No se puede peatonalizar un gran espacio sin construir un parking”.

El arquitecto sabe que queremos que nos hable del magnífico edificio “In Tempo”, de ciento noventa y dos metros de altura de la inigualable Benidorm. Nos comenta que cada torre tiene tres ascensores, es decir, seis en total, y dos de ellos una altura de 3,5 metros pensando siempre en aquel vecino que quiere comprarse un gran sofá o subir un piano a su piso. De la parte del cono, que tiene siete pisos. De la prueba de viento al que fue sometido el edificio y que pasó satisfactoriamente.

Nos habla de polvo de oro, material utilizado en algunos edificios de oficinas donde da el sol y cuya función es evitar que refleje, y así, de una manera cercana y haciendo caso a las preguntas y curiosidades de los integrantes de la mesa, Roberto Pérez Guerras nos deja un gran sabor de boca, una cercanía inusual, y un gran abanico de curiosidades. Gracias, D. Roberto, un lujo haberte tenido tan a mano para contarnos tantas cosas.

En esta ocasión la mesa ha estado compuesta por Cristina Bernal, Marcos Pavón, Araceli Sevilla, Felipe lozano, Rafa Rodríguez, Damián Uclés, Juan José Martí, Fernando Martínez y servidora. Mi agradecimiento también a Pilar, porque sin ella, no hubiera sido posible contar con el arquitecto.

 

Cristina Arroyo