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Mi amigo y reciente socio de la AAPET, Ángel L. Marcos Pavón me hizo llegar a modo de regalo, un panfleto de fiestas de Monóvar del año 74. Dentro de ese folletín había un artículo de mi padre, Juan Arroyo, que fue Secretario del Ayuntamiento de Monóvar varios años, durante los cuales me consta que fue muy feliz y estuvo muy entregado tanto al municipio como a la comarca. Él era así  allá donde iba. Se adaptaba al entorno y a sus gentes, las intentaba comprender, y extraía lo mejor de cada sitio y de las personas; anteriormente a mi nacimiento lo hizo en tierras andaluzas, y  posteriormente en Almería y Santa Pola, lugares donde también llevó la Secretaría de sus Ayuntamientos. Pudo volver a recalar en la provincia de Alicante. La “terreta”, nuestras tierras levantinas tiran mucho… ¡Qué les voy a contar!

Así que la AAPET estuvo en Monóvar este pasado lunes. Y fue un reencuentro con una comarca a la que tengo mucho aprecio, por mi infancia degustando los gazpachos monoveros de los fines de semana, por las botellas de fondillón tan nombrado por mi padre y que luego de adulta comprobé su valor, por la cercanía con los municipios de Elda y Petrer a los que también estaba ligada…

El Ayuntamiento, y en este caso José Alcaraz como edil de turismo, nos prepararon un itinerario que nos obliga a volver y a seguir conociendo el patrimonio que nos quedó pendiente.

Estuvimos en el Ayuntamiento, donde nos acogieron y nos hicimos la foto de rigor.

Foto: Ángel L. Marcos Pavón

Luego, Ferrán Díaz, experto en historia y en estos momentos becario del Ayuntamiento, nos hizo un recorrido por los principales puntos del municipio, desgranando los puntos de más interés en nuestro recorrido hacia la casa-museo Azorín. Nos habló de los “socarrats”, y de cómo estaban interesados en preservarlos. Son piezas de barro cocido, que en este caso están situadas en los aleros de los edificios.

Estuvimos en la Plaza Malva, pasamos por la Casa dels Catalans, por el Teatro Principal, de 1857 y que hoy en día sigue ofreciendo programación cultural, y a medida que íbamos paseando, nos íbamos encontrando con diversas pinturas que iban decorando el municipio.

 

En la Casa-Museo Azorín, Pepe Payá nos dio la bienvenida y nos estuvo contando muchísimas cosas de  D. José Augusto Trinidad Martínez Ruiz, su verdadero nombre. Una figura interesante y controvertida la de Azorín, que tuvo tantos “azorines” como larga fue su vida. Su manera de escribir fue cambiando con el paso de los años. Le costó hacerse un nombre en el mundillo periodístico y le negaron la entrada en la Real Academia.  Estuvo trabajando en los periódicos “El País”, “ABC” y “la Vanguardia”. A su primera etapa pertenecerían obras cumbres como la Voluntad o la Ruta de Don Quijote. La Voluntad ha sido traducida al italiano y la Ruta de Don Quijote a diversos idiomas. También destaca otra obra cumbre de un periodo posterior: la isla sin aurora.
En los últimos años se mostró apasionado por el cine.

Exterior de la Casa-Museo Azorín
Detalle del salón
Dormitorio

Pero es difícil hablar de la obra de un autor que tiene 148 libros y más de 6000 artículos publicados. La obra de Azorín es extensa, incesante… Pepe Payá nos muestra su fascinación por el escritor, y si hay alguien que pueda hablarles de él, es el Director de la Casa-Museo Azorín.

Si van, les contará detalles curiosos, como que Azorín fue corresponsal en Francia durante la primera Guerra Mundial, y que Azorín se granjeó muchas amistades, como la de Leopoldo Alas Clarín, pero muchos enemigos porque a veces su pluma era afilada y eso traía consecuencias…
La inmensa biblioteca de Azorín bien merece una visita. Además, se pueden consultar los libros en la casa.

Pepe Payá, el Director de la Casa-Museo, mostrándonos la sacristía

La Casa-Museo Azorín se inauguró el 10 de mayo de 1969, y me consta , porque así me lo ha contado mi madre, que mi padre fue con el entonces alcalde, Francisco Sanchiz Bonastre, a recoger enseres y libros a la casa de Madrid de Azorín con objeto de poder abrir la nueva casa-museo.

 

Seguimos nuestro recorrido por Monóvar y vamos fotografiando edificios que nos llaman la atención


hasta que recalamos en el Museo de Artes y Oficios. Si en un principio parece la entrada normal de una portería, cuando accedes al museo y te vas adentrando en su recorrido es fácil quedarse con la boca abierta. Es grandísimo, lleno de detalles y apartados.

Allí nos recibieron los descendientes (su hijo y su nieto) de José María Ramón Amat , el fundador del museo. Se divide en varios apartados: farmacia, vino, cine (con su teatro y cinematógrafo), oficios artesanos, etc. etc. Les sugiero que vayan porque es un sitio particular, lleno de historia de la comarca, de curiosidades que aglutinó el fundador del museo durante muchos años. Resulta curioso saber cuántas vidas tiene la vida de una persona.

Más tarde acudimos a la zona del Fondó.

Es una zona que el Ayuntamiento quiere poner en valor como lugar histórico pues fue desde este paraje, donde existía un aeródromo, desde donde partieron al exilio los últimos dirigentes y personajes más destacados de la II República, cuando tuvieron la certeza de que habían perdido la guerra. Juan Negrín, Dolores Ibárruri “la Pasionaria”, Rafael Alberti y María Teresa León entre muchos otros. Fueron los días 6 y 7 de marzo de 1939.

Tras la visita al paraje, nos dirigimos a la parte enológica de la visita. Fuimos a la Bodega Cooperativa Santa Catalina del Mañán, donde fuimos recibidos por Raquel Gago.

En la cooperativa hay aproximadamente 200 socios que disponen en total de una superficie de 900 hectáreas. El 40% de los cultivos de los que se abastece la cooperativa se encuentran en Monóvar, y el 60% restante en Sax, Salinas, Algueña, Pinoso y Villena.

La uva autóctona es la Monastrell, y Raquel nos cuenta que el 35-40 % de la cosecha se vendimia en agosto. Nos habla de cómo la piel de la uva proporciona color, sabor y aroma; de la crianza, y cómo varía el tiempo que debe permanecer el vino dependiendo de si son toneles grandes o toneles pequeños. Nos cuenta cómo era el proceso antiguamente, cuando los depósitos eran de hormigón y tuvieron que reemplazarlos por acero inoxidable; y por supuesto nos habla del Fondillón y cómo surgió ese vino de reyes por un “experimento”. Raquel nos trasmite su entusiasmo hablándonos del vino.

Tras la magnífica cata de dos vinos blancos y un tinto en Santa Catalina, comimos en el Restaurante Venta Mañá, al otro lado de la carretera. Un bienestar indescriptible estar en un sitio tan acogedor, con una comida de lujo y atendidos por Amador. Entrantes: champiñón laminado, queso frito con mermelada de tomate, migas de pastor. Platos principales: arroz con verduras y magro, y carne a la brasa (a escoger tipo de carne) o pescado rebozado. Y para finalizar postres caseros y dulces de la zona entre los que se encontraban las famosas perusas. Una maravilla.

Algunos terminamos en la casa familiar de Ángel L. Marcos Pavón con un buen Fondillón de Vinos Ortigosa, y eso fue un fin de viaje que no tuvo precio.

Nos queda pendiente regresar para terminar de conocer el resto de recursos de Monóvar.

Y si alguien desea leer la segunda parte del prólogo del artículo de los sueños, de Juan Arroyo, del libro de fiestas de 1974, que me lo haga saber, y se lo envío.

Cristina Arroyo

 

Por Cristina Arroyo

Escritora. Autora de artículos turísticos. Autora de los libros "Los Vértices del Cariño", "Historias de un bar con música a menos tres escalones", y "La Senda del Camaleón". Editora de la novela histórica "Al-Azraq, el árabe". Presidenta de AAPET

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