El Restaurante La Muralla de la isla de Tabarca, logra el segundo premio en una final que también contó con Los Infantes, de Almoradí, y Sant Francesc 52, de Alcoy. María José San Román y Pablo Montoro completaron la presencia alicantina como miembros del jurado.


La gastronomía alicantina tuvo un destacado protagonismo en la primera edición del Concurso Nacional «Cocina con Vino», cuya final se celebró el pasado 27 de octubre en Gastrónoma Valencia. Tres restaurantes de la provincia —La Muralla, de la isla de Tabarca; Los Infantes, de Almoradí, y Sant Francesc 52, de Alcoy— participaron entre los diez finalistas de un certamen que situó el vino en el centro de la creación culinaria. A esta representación se sumaron los chefs María José San Román y Pablo Montoro, integrantes del jurado.
El resultado dejó un reconocimiento para la cocina tabarquina: Pedro Juan Sánchez Santacreu, del restaurante La Muralla, obtuvo el segundo premio, dotado con 3.000 euros, por su calamar encebollado con aires de vino blanco al estilo tabarquino.
Organizado por la Asociación Española de Periodistas y Escritores del Vino (AEPEV) y Gastrónoma Valencia, el concurso reunió propuestas de siete provincias y cinco comunidades autónomas. Los participantes cocinaron en directo ante el público de la feria con una premisa común: utilizar el vino como ingrediente principal de sus elaboraciones, acompañadas además por una copa elegida para armonizar con el plato.
Tabarca: el recetario marinero conquista el palmarés
La propuesta de La Muralla llevó hasta Valencia una interpretación de la cocina marinera de Tabarca. Pedro Juan Sánchez Santacreu incorporó el vino en dos momentos de la receta: un vino rancio en el guiso de calamar y un vino blanco en el aire que completaba la elaboración.
El segundo premio reconoce así una propuesta vinculada a la identidad culinaria de la isla, en la que conviven el recetario tradicional y las técnicas contemporáneas. Desde la perspectiva del turismo gastronómico, el plato ofrece una forma de acercarse a Tabarca a través de sus sabores y de la cocina de sus restaurantes.
La presencia de La Muralla en el primer palmarés del concurso refuerza la proyección de la isla como destino donde la experiencia del viaje también se construye alrededor de la mesa.


Almoradí y Alcoy, otras dos miradas sobre la cocina alicantina
El restaurante Los Infantes, de Almoradí, concurrió a la final con un brioche con conejo macerado en vino tinto. La elaboración trasladó al certamen una propuesta en la que la maceración integra el vino en la preparación del ingrediente principal, presentado en un formato de brioche.
Su participación dio visibilidad a Almoradí y a la Vega Baja del Segura dentro de un encuentro nacional, ampliando el recorrido gastronómico alicantino más allá de los destinos costeros.


Por su parte, el restaurante Sant Francesc 52, de Alcoy, presentó «Bosque de Mariola», una propuesta cuyo nombre remite al paisaje del interior de la provincia. Su presencia entre los diez finalistas incorporó al concurso otra referencia territorial alicantina y completó una representación que conectó Tabarca, Almoradí y Alcoy.


Los tres restaurantes dibujan un itinerario por la diversidad de la provincia: la isla y su tradición marinera, la Vega Baja y el interior alcoyano. Tres procedencias que muestran la capacidad de la gastronomía para despertar interés por conocer un territorio a través de quienes lo cocinan.
María José San Román y Pablo Montoro, en el jurado
La presencia alicantina también tuvo peso en la valoración de las propuestas. María José San Román, chef de Monastrell, y Pablo Montoro, chef de Espacio Montoro, formaron parte del jurado de ocho profesionales de la cocina, el vino, la hostelería y la comunicación gastronómica.
Los platos se evaluaron mediante una ficha de la AEPEV sobre cien puntos, con criterios de técnica, originalidad, gusto, armonía y apreciación global. El uso y la aplicación del vino tuvieron una valoración específica, acorde con el propósito del concurso de explorar sus posibilidades como ingrediente culinario.
La participación de ambos chefs, junto con los tres restaurantes finalistas, reunió en una misma jornada distintas expresiones de la cocina alicantina, tanto en la competición como en el trabajo del jurado.


El vino como argumento para viajar y descubrir el territorio
El primer premio, dotado con 5.000 euros, fue para Óscar Hernando, de Casa Silvano Maracaibo, en Segovia, por su helado de vino tinto de Valtiendas «Evolet», gelatina de blanco de Rueda y yogur de leche de oveja de Sacramenia. El tercer premio, de 2.000 euros, correspondió a Salvador Melgar Ramírez, del restaurante Tabefe del CIFP Noroeste, en Gran Canaria, por el postre «Viña Floral».

El certamen contó con la Organización Interprofesional del Vino de España (OIVE) como patrocinador oficial y con La Prensa del Rioja como medio oficial. Koldo Royo condujo la jornada como maestro de ceremonias, Ernesto Gallud y Toni Pérez como directores técnicos, mientras que yo ejercí como secretario del concurso.
Esta primera edición puso de relieve las posibilidades del vino en aperitivos, platos principales y postres. Para Alicante, dejó además un premio y una representación que contribuyen a difundir su diversidad gastronómica. Tabarca, Almoradí y Alcoy encontraron en los fogones de Gastrónoma un escaparate compartido: una invitación a descubrir la provincia a través de sus restaurantes, sus paisajes y sus sabores.
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Experto Profesional en Cultura Vitivinícola y Vinos de España por la UNED
Miembro de la Asociación Española de Periodistas del Vino y secretario del concurso
