La presentación del Anuario Económico de la Provincia de Alicante reunió en La Lonja de Orihuela a representantes institucionales, empresariales y del sector agrario para abordar el futuro de la comarca: garantizar el agua, mejorar la rentabilidad y avanzar hacia una economía agroindustrial con mayor valor añadido.
Ayer lunes 21 de septiembre, asistí en La Lonja de Orihuela a la presentación del Anuario Económico de la Provincia de Alicante, elaborado por INECA con el impulso de Prensa Ibérica e INFORMACIÓN, el patrocinio de Grupo Cooperativo Cajamar y BMW Benigar, y la colaboración del Colegio de Economistas de Alicante y el Ayuntamiento de Orihuela. En esta ocasión, el foco se puso en la comarca de la Vega Baja del Segura y en un sector que la sostiene desde hace generaciones: la agricultura.


El agua, una condición para el futuro
El alcalde de Orihuela, José Vegara, abrió la jornada describiendo las dificultades que afrontan los agricultores: el aumento de los costes, los problemas de sanidad vegetal, la presión sobre los márgenes y la incertidumbre hídrica. Su defensa del conocimiento acumulado por el sector quedó resumida en una frase:
«Nadie, como cada uno de los agricultores de la Vega Baja, conoce el valor de cada gota de agua».

Vegara reclamó garantías de suministro y defendió el papel del trasvase Tajo-Segura. También destacó el esfuerzo realizado en digitalización, riego eficiente y aprovechamiento de recursos alternativos, cuyo coste repercute en la rentabilidad de las explotaciones.
El presidente de INECA, Alfredo Millá, vinculó esa seguridad hídrica con la capacidad de planificar inversiones y desarrollar actividad empresarial. Abogó por un marco estable que permita sumar trasvase, desalación y reutilización, acompañado de inversiones efectivas.
Su intervención dejó otra idea especialmente relevante para el futuro comarcal:
«En la Vega Baja, esa conexión tiene tres nombres: agua, conocimiento y empresa».

Innovar sin perder las raíces
Laura Vera, directora de zona de Grupo Cajamar, destacó la experiencia agrícola, la cadena agroalimentaria y la ubicación de la comarca como bases sobre las que construir nuevas oportunidades.
«La competitividad no dependerá solo de producir más, sino de producir mejor y transformar ese potencial en más rentabilidad, valor y empleo de calidad».
La agricultura de precisión, la biotecnología, la inteligencia artificial y la digitalización formaron parte de su propuesta. También señaló las posibilidades de la transformación de productos, la logística y la cadena de frío para completar la actividad agrícola y generar más valor dentro del territorio.

Su mensaje puso además el foco en quienes sostienen esa actividad:
«La verdadera fortaleza de la Vega Baja no está solo en las cifras, está en las personas».
Crecer mejor y retener el valor en la comarca
La presentación de Francisco Llopis, responsable de Estudios de INECA, profundizó en la diferencia entre aumentar la actividad económica y mejorar la prosperidad. Una de las frases de sus diapositivas condensó el diagnóstico:
«El verdadero problema no está solo en cuánto se crece, sino en cómo se crece».
El análisis señaló la necesidad de reforzar la formación, la especialización empresarial y la transferencia de conocimiento. El reto consiste en aprovechar mejor la base agrícola de la Vega Baja e incorporar actividades de transformación capaces de retener una mayor parte del valor generado.

Entre las oportunidades planteadas figuraron el riego inteligente, la trazabilidad y el aprovechamiento de subproductos cítricos para obtener aceites esenciales y pectinas. Una evolución hacia un tejido agroindustrial más avanzado, apoyado en la cooperación entre empresas, universidades y administraciones.

La realidad del campo: rentabilidad e incertidumbre
La mesa redonda «Orihuela, tierra de agricultura», con Noelia Grao, concejala de Agricultura, y José Vicente Andreu, representante de ASAJA, trasladó el debate al día a día de las explotaciones.
Grao abordó el aprovechamiento del agua regenerada y las limitaciones que todavía existen para responder a las necesidades del campo:
«Generamos cantidad, pero no suficiente para la respuesta necesaria a la demanda real».
También describió la incertidumbre que los costes de producción generan a la hora de decidir nuevas siembras.
Andreu incidió en la dificultad de trasladar esos incrementos al precio que recibe el agricultor y en la vulnerabilidad de este dentro de la cadena:
«La sociedad lo estamos sufriendo. Pero el eslabón más débil, que es el agricultor, lo sufre mucho más».
La investigación y la transformación de los productos aparecieron nuevamente como vías para mejorar la rentabilidad y fortalecer al sector.

Una reflexión que también interpela al turismo
Para quienes comunicamos el territorio, este debate tiene una lectura que va más allá de la agricultura. La huerta, el paisaje, los productos locales y la cultura del agua forman parte del patrimonio y del atractivo de la Vega Baja del Segura.
La gastronomía y las experiencias vinculadas al entorno agrícola ofrecen oportunidades para acercar esa riqueza a residentes y visitantes. Su continuidad necesita un campo vivo, explotaciones viables y personas que puedan encontrar en él un futuro.
La jornada de Orihuela dejó así una tarea compartida: conectar agua, conocimiento y actividad empresarial para que el valor de la Vega Baja permanezca en el territorio y llegue a quienes lo hacen posible.
✍️📷 Miguel Ángel López Andújar
