Fuente: “Los caminos que conducen a Roma”, de Victor W. von Hagen. Editorial Labor S.A. (De marqalicante.com)

Son varios los lazos que hermanan mi tierra de nacimiento, QUESADA, con mi tierra de adopción, Alicante. Muchos que nacimos en aquella tierra del Alto Guadalquivir decidimos unirnos inexorablemente a Alicante. La Vila Joiosa es un municipio de referencia para muchos quesadeños. Josefina Manresa (mujer de Miguel Hernández) es otra referencia entrañable. Por ello, Quesada custodia actualmente en su museo el legado del poeta oriolano.

Y es en aquellas tierras andaluzas donde nuestros antepasados, los Iberos oretanos, una civilización creativa y avanzada que desarrollaron el arte de la escritura y los metales como herencia de los Tartesios; una sociedad jerarquizada, organizada en ciudades (Oppido) con un arte propio, que negociaban con griegos y fenicios y con una cultura altamente desarrollada, de cuyos intercambios nace Iberia. El comercio popularizó la cultura, los números, la escritura (que por desgracia hasta hoy solo podemos leer pero no descifrar porque pertenece a una lengua extinguida) y  la moneda griega cuyas acuñaciones adaptaron al patrón cartaginés y al romano.

La ubicación estratégica de este territorio en el corredor de tránsito de personas y mercancías a través de los puertos del Mediterráneo desde y hasta el Alto Guadalquivir y resto de Hispania, de una rica oferta de aceite, madera, cereales y  minería, junto a la fertilidad del suelo, dio lugar a que se establecieran prósperos asentamientos ibero-romanos como explotaciones agrícolas. Un buen ejemplo es La villa romana de Bruñel,  pero hay muchas otras ubicaciones nos son familiares al día de hoy: Larva, Toya, Bruñel, Lacra, Los Rosales, Hinojares, Collejares,  Cortijuelo, Belerda, etc.

Aquel intercambio comercial desarrolló una extensa red viaria que desde el Mediterráneo y las Hoyas de Baza y Guadix convergían por el Guadiana Menor y las campiñas de Huesa, Quesada, Peal y Cazorla, hasta el valle del Guadalquivir y Cástulo  (Capital de Oretania,  a 50 km. de Quesada) .El mirador de “todosaires” de Quesada, ofrece una excelente panorámica de la romanización por nuestra tierra.

La romanización aportó una tecnología desconocida hasta entonces, que  transformó radicalmente el escenario de las grandes obras de ingeniería viaria con innovaciones técnicas en  la Península Ibérica. Tras su abandono no se restableció una red similar, en extensión y calidad, hasta el siglo XIX, en que aparece nueva conciencia política de disponer de carreteras como factor de progreso. En los siglos posteriores lo único que se hizo fue usar y abusar del legado romano.

 

Descritas en el Itinerario de Antonino, al menos dos vías influyeron en mi tierra:

VIA AUGUSTA. De Roma y la Galia a Hispania, era la calzada romana más larga de Hispania, unos 1.500 km., desde los Pirineos hasta Cádiz  bordeando el Mediterráneo. El Emperador Augusto construyó una variante desde Cartagena a Cástulo a través de las Hoyas de Baza y Guadix, por el valle del Guadalbullón y la vertiente occidental de Sierra Mágina  hasta Cástulo.

VIA CASTULONEM – MALACAM. De Cástulo a Málaga por Guadix para el transporte de mineral. Su traza se localizaba por las campiñas de Toya, Peal, Quesada, Huesa, Zújar ( baños termales), el valle del Guadiana Menor hasta las hoyas de Baza y Guadix donde ambas vías se encontraban, pero ésta se desviaba al S.E hacia Almería por el pasillo de Fiñana y enlazaba con la vía de Cartagena a Málaga y Cádiz por la costa.

Existen referencias de que en nuestro territorio ambas vías disponían de otras alternativas de trazado en una red más extensa de vías secundarias, por ambas márgenes del Guadiana Menor, por las actuales trazas de la A-401 y el FFCC Linares – Almería y transversales desde la vertiente oriental de Sierra Mágina hacia Quesada y Tiscar.

Los arquitectos romanos proyectaron sus vías en función de las necesidades comerciales  o de conquista, con diseño y funcionalidad  muy rigurosos para evitar inundaciones, problemas de mantenimiento y emboscadas. Habitualmente contrataban con empresas especializadas y mano de obra esclavista y en contadas ocasiones intervenía el Ejército, no en vano el equipamiento individual del soldado incluía, además de armas, provisión de grano, útiles de cocina, sierra, hacha, hoz, pico y pala; ya que los Emperadores consideraron la construcción como una actividad recomendable para sus ejércitos en épocas de paz para combatir la pereza. Habitualmente se financiaban con el erario público aunque no se descartaba el mecenazgo de emprendedores y acaudalados.

Su construcción nada envidiaba a la ingeniería de las mejores carreteras actuales: Buena capacidad estructural, sección suficiente para cruzarse dos carros y perfil transversal trapezoidal con pendientes para evacuar las aguas a las  cunetas laterales (fossa).

En la Cimentación (statumen) se usaban piedras gruesas  para asegurar una buena capacidad portante. En terrenos fangosos se drenaba y pilotaba con rollizos de madera y en los cenagosos se empleaba un mortero puzolánico que fraguaba bajo el agua. La rodadura (rudus, pavimentum) se formaba con capas de materiales seleccionados, de mayor a menor tamaño y espesores de abajo arriba  que acababan con una capa de grano fino para facilitar el tránsito de los vehículos y evitar daños en la uña desnuda de los animales de tiro. En terreno rocoso la capa de rodadura se apoyaba directamente sobre la base. Las vías urbanas gozaban de un tratamiento especial enlosado o empedrado. Toda la sección se confinaba entre bordillos de piedra que además servían para el replanteo. Las cargas máximas de cálculo eran de unos 10 kg/ cm2. (Muy superior a la que transmiten los vehículos hoy en día) y la pendiente máxima recomendada del 8%.

En el replanteo se usaba la “groma” y para medir distancias  un instrumento de engranajes asociado a las ruedas de los carros (primer odómetro). Se señalizaba con miliarios y mojones con información sobre destinos y paradas. Existían hospederías cada unos 35 km, con alquiler de caballos o carruajes; y una  red de postas. Como el polvo de los caminos era un problema importante existían baños públicos a ser posible con aguas termales.

La gran mayoría de las vías romanas han desaparecido  o están olvidadas en el subsuelo, debido a causas como la erosión, la sedimentación, la vegetación o la propia acción del hombre por desconocimiento o intencionadamente con el arado. También es muy probable que descansen bajo las trazas actuales de carreteras o ferrocarriles.

La desacertada gestión de las vías romanas en el pasado ha supuesto una catástrofe patrimonial que ha hipotecado parte del futuro turístico de nuestros municipios. No obstante hay un creciente interés de nuevas  generaciones de arqueólogos e ingenieros  en incentivar  los necesarios trabajos de campo para recuperar este patrimonio, que es también el objetivo de este documento.

  • El autor es miembro de la Asociación Alicantina de Periodistas y Escritores de Turismo. AAPET

 

FUENTES: Itinerario de Antonino. E. Saavedra. A.Fornell Muñoz, Universidad de Jaén.  “Los Iberos Príncipes de Occidente. Fundación la Caixa”. Vías Romanas. Isaac Moreno Gallo. ARTIFEX.