Andrey Kruglikov: la arquitectura como lenguaje visual

Andrey Kruglikov es un fotógrafo ruso especializado en arquitectura y espacios urbanos. Su trabajo se caracteriza por una búsqueda constante de la simetría, la geometría y el equilibrio compositivo, elementos que convierten escenarios cotidianos en estructuras visuales de gran fuerza estética.

Comenta que es un gran admirador de Stanley Kubrick , la inmensa mayoría lo conocemos como su faceta de director de cine con “2001: Una odisea del espacio” y “La Naranja Mecánica” pero pocos saben que antes de dedicarse al cine fue también un talentoso fotógrafo.

Formado en el ámbito de la imagen arquitectónica y con una clara influencia de la tradición constructivista rusa y del rigor formal europeo, Kruglikov ha desarrollado un estilo muy reconocible: composiciones frontales, líneas perfectamente alineadas y un tratamiento de la luz que enfatiza el volumen y la profundidad de los espacios.

El proyecto SUBWAYSPECIAL supone uno de los trabajos más ambiciosos de su trayectoria. Durante un año completo descendió a diario al metro moscovita con una idea clara: documentar sistemáticamente cada estación como si se tratara de una sala de museo. Más que captar instantes, su objetivo era revelar la monumentalidad y el valor artístico de un espacio que millones de personas atraviesan sin detenerse.

Su obra ha sido difundida en medios y exposiciones dedicadas a la fotografía arquitectónica y urbana, consolidándolo como una de las miradas contemporáneas más interesantes en la reinterpretación visual del patrimonio soviético desde una perspectiva actual.

El artista Andrey Kruglikov con María José Cerdá, directora del Museo del Mar

Un año de espera, simetría y precisión

En su presentación —defendiéndose con soltura en español— el autor explicó que muchas de sus fotografías exigieron largas esperas en cada estación hasta obtener la imagen que ya tenía previamente en mente. Nada es improvisado. Cada encuadre responde a una idea clara: simetría perfecta, alineación rigurosa y una composición que convierte espacios cotidianos en auténticas catedrales subterráneas.

Cuando le preguntamos por el uso exclusivo del blanco y negro, su respuesta fue contundente: es la mejor forma de transmitir la esencia de la arquitectura. Eliminar el color permite centrarse en la geometría, la luz, el volumen y el ritmo visual.

En el plano técnico, reveló que utiliza un 35 mm en formato full frame, su objetivo favorito, aunque le obligue a desplazarse constantemente para encontrar la composición adecuada. Esa movilidad, lejos de ser un inconveniente, forma parte de su lenguaje visual.

Presentación de la primera sala de la exposición

El museo que millones «no miran«.

La frase que da subtítulo a la exposición —“El metro de Moscú, el museo más inadvertido del mundo”— despertó especial interés. Kruglikov explicó que millones de personas utilizan cada día el metro sin detenerse a observar su belleza. La rutina impide mirar. “Hay personas que me escriben diciendo que llevan toda la vida usando el metro y nunca se habían dado cuenta de su belleza”, comentó.

Ese planteamiento conecta directamente con una reflexión turística: ¿cuántos espacios patrimoniales pasan desapercibidos por formar parte de la vida diaria?

El fotógrafo quiso agradecer públicamente el apoyo imprescindible de su esposa, Olga Semenova, sin la cual —según afirmó— el proyecto habría sido inviable. También destacó el papel de la fotógrafa y amiga Olesia Minenko, vínculo entre el autor y la directora del Museo del Mar, María José Cerdá, quien propuso traer la exposición a Santa Pola.

Además, adelantó que ya trabaja en nuevas series fotográficas en otras ciudades, ampliando su mirada sobre los metros del mundo como espacios culturales.

Andrey junto a tres de sus obras.

Mirar después de escuchar

Tras la presentación, recorrimos las salas con otra mirada. Como fotógrafos, analizábamos la impecable alineación, la pureza compositiva y el tiempo —seguramente enorme— dedicado a cada imagen. Resultaba inevitable pensar que cada fotografía había sido primero imaginada y después pacientemente buscada hasta encontrarla.

Pero más allá de lo técnico, la exposición invita a algo más profundo: detenerse, mirar y redescubrir lo cotidiano.

En un enclave histórico como el Castillo Fortaleza de Santa Pola, esta muestra, que podrá visitarse hasta el 13 de Marzo, establece un interesante diálogo entre patrimonio defensivo mediterráneo y patrimonio subterráneo soviético. Dos contextos distintos unidos por la arquitectura y la memoria. No deja de resultar significativo que el Metro de Moscú, además de ser una obra monumental concebida como “palacio para el pueblo”, fuera también diseñado con una función estratégica y defensiva. Muchas de sus estaciones, construidas a gran profundidad durante la era soviética, fueron proyectadas para servir como refugio antiaéreo y, posteriormente, como posible protección ante un conflicto nuclear en el contexto de la Guerra Fría. La solidez estructural, los túneles reforzados, las puertas herméticas y la autosuficiencia de determinados tramos no solo responden a criterios de transporte, sino también a una planificación de seguridad nacional. Así, lo que hoy contemplamos como patrimonio artístico y arquitectónico fue también infraestructura de supervivencia.

Esa doble condición —belleza monumental y refugio subterráneo— añade una capa de significado que conecta, de manera casi simbólica, con la propia naturaleza defensiva del castillo que alberga la exposición.

Una exposición que no deja indiferente, incluso a quienes no sean aficionados a la fotografía. Porque, en el fondo, habla de algo universal: aprender a mirar aquello que creemos conocer.

Enlaces a su trabajo en instagram:

Enlace a la exposición en la web del Museo del Mar

Enlace del trabajo realizado en you tube

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