Cuentan algunos historiadores que varias tribus celtas que habitaban en el bosque de Scissy, en los alrededores del Mont Saint-Michel, se acercaban al pequeño islote para entregarse a sus cultos druídicos llegando incluso a bautizarlo con el nombre de Monte de Belenus el dios galo del sol. Sea esto cierto o no el caso es que el peñasco ha ejercido durante siglos la atracción de todo tipo de creyentes que han encontrado en este pequeño monte un lugar de peregrinaje.

Se trata sin duda de un capricho de la naturaleza situado en el estuario del río Couesnon, a casi dos kilómetros de la costa francesa, en la baja Normandía. Un lugar que ya fue declarado monumento histórico en Francia en 1862 y que en 1979 pasó a formar parte de Monumentos Patrimonio de la Humanidad de la Unesco.

La larga historia del Mont Saint-Michel, tal y como lo conocemos en la actualidad, habría comenzado en el año 708 cuando el obispo de Avranches decidió construir sobre el Mont-Tombe un santuario en honor del Arcángel Saint Michel. La leyenda asegura que este hombre, de nombre Aubert, tuvo tres sueños en los que el mencionado arcángel, en persona, le pidió la construcción del santuario. Tres siglos más tarde, los benedictinos se instalaban en esa abadía mientras que a las faldas del monte iba creciendo un pequeño pueblo.

Para los cristianos no tardó en convertirse en un lugar obligado de peregrinaje pero demostró también ser un lugar de gran importancia militar. Así, durante la guerra de los Cien Años, el Mont Saint-Michel demostró su fortaleza ya que sus murallas y fortificaciones resistieron a los ataques ingleses e hicieron de este un lugar simbólico para la identidad nacional francesa.

Fue precisamente esa resistencia lo que avivó en Occidente la devoción por el Santo, que en la iconografía cristiana está representado a menudo con una espada y una balanza. Gracias a esto, las tradiciones y cultos populares han hecho de San Miguel el patrón de los caballeros y de todos los gremios de oficios asociados a las armas y a las balanzas.

A lo largo de los siglos la abadía de Saint-Michell ha pasado por innumerables acontecimientos y ha llegado a ser utilizado como prisión. También ha pasado por un buen número de restauraciones lo que ha permitido que el visitante de la actualidad vuelva a encontrar el esplendor de este lugar que los hombres de la Edad Media veían como una representación de la Jerusalén celeste sobre la tierra, imagen del Paraíso.

Texto: Elisabeth Norell Pejner

Fotos: Rafael Calvete Alvarez de Estrada

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