En el extremo norte de la provincia de Granada, en un enclave donde confluyen Murcia, Albacete y Jaén, se encuentra Puebla de Don Fadrique, una localidad marcada por su condición fronteriza y por una identidad construida a lo largo de los siglos.
No siempre se llamó así. Su nombre original fue Volteruela, integrada en el señorío de Huéscar. Fue en el siglo XVI cuando el segundo Duque de Alba, don Fadrique Álvarez de Toledo, decidió otorgar su nombre a la villa, un hecho que ha perdurado hasta nuestros días. En 2025 se conmemoraron los 500 años de este acontecimiento, reflejo de una historia que sigue muy presente en la localidad.



Una villa marcada por su posición estratégica
Con cerca de 525 km², Puebla de Don Fadrique es uno de los términos municipales más extensos de la provincia de Granada. Su ubicación, en contacto directo con cuatro provincias, ha condicionado su desarrollo histórico, económico y cultural.
Tradicionalmente vinculada a la agricultura, especialmente el cultivo de cereal, y a la ganadería, esta tierra conserva una fuerte identidad rural que hoy se proyecta hacia el turismo de interior.



Patrimonio monumental con carácter
El principal referente es la Iglesia de Santa María de la Quinta Angustia, un templo de gran monumentalidad que sorprende por su solidez exterior y su riqueza interior. Su construcción, vinculada durante siglos a la diócesis de Toledo, sí, Toledo, explica su escala, su presencia y su función: no solo era un templo, era un mensaje. Un recordatorio de que este territorio, aunque remoto, formaba parte de algo mucho mayor y refleja la importancia estratégica de este enclave en la historia de Castilla.



Muy cerca, el Museo Arqueológico y Etnográfico ofrece una visión completa del pasado del territorio, desde los asentamientos prehistóricos hasta las formas de vida tradicionales, con especial atención a la agricultura, la ganadería y la cultura popular.




Otro de los elementos más singulares es la Ermita de las Santas, dedicada a Alodía y Nunilón. Su arquitectura, de principios del siglo XX, rompe con la estética tradicional y presenta influencias modernistas que evocan claramente el universo creativo de Gaudí, lo que la convierte en un punto de interés único dentro del municipio.

Geoparque de Granada: paisaje e identidad
Puebla de Don Fadrique forma parte del Geoparque de Granada, reconocido por la UNESCO, un territorio donde el paisaje cuenta la historia geológica de millones de años. Badlands, formaciones sedimentarias y amplios horizontes convierten este espacio en un destino de gran valor científico y turístico.
La cercanía de la Sierra de La Sagra, con sus 2.384 metros de altitud, añade un atractivo adicional para los amantes del senderismo y la naturaleza, que fue el motivo de mi primera visita.
Astroturismo: el cielo más limpio de Europa
Uno de los grandes valores diferenciales de Puebla de Don Fadrique es la calidad de su cielo nocturno. La escasa contaminación lumínica permite disfrutar de uno de los cielos más limpios de Europa, ideal para la observación astronómica.
El cercano Observatorio de La Sagra refuerza esta propuesta, posicionando el municipio como un destino emergente para el astroturismo.
Tradición, cultura y gastronomía
La identidad de Puebla de Don Fadrique también se manifiesta en sus tradiciones, como la devoción a las Santas Alodía y Nunilón, cuya festividad sigue siendo uno de los momentos más importantes del calendario local.
Pero si hay un elemento que define su gastronomía es el cordero segureño, producto estrella de la zona y reconocido con Indicación Geográfica Protegida. Criado en un entorno natural y de forma tradicional, ofrece una carne de gran calidad, tierna y sabrosa.
Degustarlo en alguno de los restaurantes locales es el broche perfecto para una visita que combina historia, paisaje y cultura. Puedes aprovechar las «Jornadas Gastronómicas del Cordero Segureño», que organizan anualmente durante el mes de octubre, para visitar la localidad.

Un destino para una escapada completa
Integrado en la red de Pueblos Mágicos de España, Puebla de Don Fadrique se presenta como una opción ideal para una escapada de fin de semana o un puente.
Un destino donde la historia, la naturaleza y la tradición se unen en un territorio que, lejos de los grandes focos turísticos, ofrece autenticidad, tranquilidad y una experiencia completa para el visitante.
Un lugar donde la frontera deja de ser límite para convertirse en oportunidad.
En mi segunda visita a esta localidad, he contado con una guía excepcional, Lola Sola Punzano, técnica de la oficina de Turismo, gran conocedora de la historia local y profundamente enamorada de su pueblo. Gracias a Lola, la historia deja de ser un dato y se convierte en relato.

✍️📷 Miguel Ángel López Andújar
