ALICANTE Y TÁNGER. EL VÍNCULO DE UNIÓN DE LAS HÉSPERIDES, EL VINO Y LOS FELICES AÑOS VEINTE

La historia de los vinos de Alicante suele evocarse a través de su puerto, de donde partían los barcos cargados de fondillón hacia las mesas reales de Europa. Sin embargo, existe una crónica menos explorada, pero profundamente evocadora: la que une a las tierras altas de Monóvar con el exotismo de la ciudad internacional de Tánger y el antiguo protectorado español en Marruecos. Esta relación, forjada entre el comercio, la diplomacia y la nostalgia, renace hoy bajo el nombre de TANGERIAN, un vino que es, ante todo, un puente emocional y del corazón.

Para entender este vínculo, debemos situarnos en 1880, año que nace en Monóvar la bodega fundada por mi bisabuelo Juan Amorós Hernández, con el nombre de Bodegas «San Juan», posteriormente redenominada Bodegas Ortigosa.

En aquella época, el Vinalopó era un hervidero de actividad vitivinícola, gracias al «tratado comercial» con Francia, entre 1860 y 1892, que demandaba los potentes tintos alicantinos para paliar los estragos de la filoxera en sus propios viñedos. La particularidad radicaba en su visión técnica. Mientras la región se volcaba en la cantidad, en estas bodegas se trabajaba con un espíritu de excelencia que recordaba a las técnicas de Burdeos. Se elaboraba un Cabernet Sauvignon con métodos tradicionales franceses, aquel estilo previo a la gran plaga de la filoxera, buscando un equilibrio y una elegancia que lo alejaban de los vinos de mezcla comunes de la época.

Aunque la inmigración francesa venía de siglos anteriores, se consolidó en el XIX a través de familias que controlaban la producción, el comercio y la exportación de vinos.

Uno de los linajes más influyentes fue Juan Maisonnave y Cutayar, destacado vinicultor y burgués que, en 1878, publicó instrucciones clave para alertar a los labradores alicantinos sobre cómo frenar el avance de la plaga en la provincia.

La familia Bardin tuvo también gran peso económico en la ciudad, vinculada tanto a la viticultura como al desarrollo urbanístico de Alicante, así como la familia Lamaignere, estrechamente ligada al comercio marítimo y a la exportación de caldos desde el puerto de Alicante, y otras familias de relevancia comercial como Gaubert, Dupuy, Fourcade, Fresneau y Leleu.

Esta influencia francesa y cosmopolita facilitó que, años más tarde, la producción de la bodega llegara a destinos clave, como el norte de África, donde la colonia europea demandaba estos vinos con perfiles franceses, pero alma alicantina.

Durante la primera mitad del siglo XX, Tánger no era solo una ciudad; era un estado mental. Bajo el estatus de «zona internacional», allí convivían diplomáticos, espías, aventureros y una nutrida colonia española integrada tanto por militares del protectorado como por burguesía comercial.

En ese entorno cosmopolita, el vino de Alicante, y específicamente el de las bodegas del bisabuelo Juan, se convirtió en un símbolo de estatus y un consuelo para la saudade de los expatriados. El vino de Monóvar llegaba a los hoteles de lujo y a las residencias del barrio diplomático, representando la sofisticación de la madre patria. Esta «ruta del vino» hacia el Magreb no era meramente comercial; era el hilo conductor que mantenía viva la identidad española en las bulliciosas calles del zoco chico.

Fue en 1912 cuando España obtuvo un área de influencia en el norte de Marruecos como parte de los acuerdos internacionales que formalizaban el reparto colonial, estableciendo el protectorado español en Tetuán como capital.

Es en este contexto político y administrativo cuando coincide con los archivos de producción y exportación de la bodega, convirtiéndose en el destino mayoritario de los caldos de la bodega monovera. El transporte se hacía en bocoyes* desde Monóvar al puerto de Alicante, y allí en barco hasta Ceuta, a Tetuán o, directamente, a la bella Tánger.

En 1923, Tánger se consolida como una anomalía cosmopolita al ratificarse su estatuto de «zona internacional», convirtiéndose en un epicentro de libertad, hedonismo y mezcla cultural que encajaba perfectamente con el espíritu de los felices años veinte. La Tánger de 1923 era un microcosmos de tolerancia y sofisticación.

Lugar por excelencia de vida bohemia y espionaje que atrajo a escritores y artistas, buscando un refugio permisivo donde las leyes eran laxas en comparación con el resto de Europa y Marruecos.

Es muy importante destacar la multiculturalidad: se hablaba español, francés, inglés y árabe, con una vibrante convivencia entre comunidades cristianas, judías y musulmanas.

Respecto a su ambiente nocturno, la ciudad era famosa por su vida social en cafés y salas de fiestas, ganándose una reputación de lugar donde «puedes hacer exactamente lo que quieras» y, por supuesto, beber vino con esa influencia de Francia y España.

Los hoteles eran los centros neurálgicos de esta vida social internacional. El hotel Continental, inaugurado en 1870, era ya un veterano para 1923, habiendo alojado a figuras como Winston Churchill y siendo clave por sus vistas al puerto. El Grand Hotel Villa de France era un refugio histórico para artistas, como Matisse, que personificaba el lujo decadente y tranquilo de la época. El hotel El Minzah, que aunque su construcción es de 1930, su influencia se fraguó en este ambiente internacional como el máximo exponente del lujo hispano-árabe.

Los archivos de la bodega no hablan de una relación mercantil directa con los hoteles, sino con los distribuidores establecidos en Tetuán y Tánger, pero bien es sabido que su destino final eran los hoteles y tabernas de la libre Tánger.

Don Juan Sansano Benisa, director gerente de El Día, un periódico diario editado en Alicante, con fecha 10 de septiembre de 1924 dedicó estas palabras: «su especialidad es el riquísimo vino solera fundación 1880, así como mistelas que inunda las plazas más importantes de España y del Marruecos español. La producción anual oscila entre 5 000 y 6 000 bocoyes».

Hoy, en 2026, desde Alicante queremos reivindicar el papel de unión. Escribir sobre el vino de Alicante y Tánger es hablar de una frontera que nunca fue tal. Es recordar que, mientras el mundo se dividía en protectorados y zonas internacionales, el vino de Monóvar circulaba libremente, uniendo los salones de Tánger con los viñedos de Alicante. TANGERIAN no es solo una botella; es la crónica líquida de una época en la que el sol de Alicante se bebía bajo el cielo de Marruecos…

El nuevo vino TANGERIAN nace para rescatar del olvido esta hermandad histórica. Su nombre es un juego de palabras que rinde tributo a los habitantes de la ciudad, «los tangerinos» y, simultáneamente, al color tangerine como referencia directa al brillo cítrico y a la vitalidad de la Tánger internacional y a la tierra alicantina. Es un homenaje a la mandarina: un nexo visual que une el Mediterráneo alicantino con el jardín de las Hespérides marroquí. La variedad utilizada y amparada bajo la DOP Alicante es un coupage delicioso de Chardonay y Viognier para conquistar de nuevo la felicidad de aquellos años felices.

El vino Tangerian será presentado en sociedad el jueves, 28 de mayo, en Casa Mediterráneo

Alicante, 26 abril de 2026

Ángel Luis Marcos Pavón Ortigosa

BODEGAS ORTIGOSA SLU.

*Bocoy: es un tonel que sirve de envase de gran tamaño, generalmente con una capacidad de unos 600 a 700 litros, situándose por encima de las «pipas» y por debajo de los grandes toneles de crianza, preparado para poder transportar vino en ferrocarril y en barco para la exportación.

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