A primeros de marzo dará comienzo en Altea la primera gran regata del año que se celebra en España desde hace décadas. Hablamos de las 200 Millas A2, un gran evento marítimo deportivo que además en esta ocasión se viste de gala para celebrar su 40 cumpleaños. Por eso, el Club Náutico de Altea, creador y fundador de esta emblemática travesía ha comenzado a calentar motores para recibir por todo lo alto a los regatistas e involucrar aún más si cabe, a los habitantes de su pueblo en las diferentes actividades que se han organizado de manera excepcional para el aniversario.


La historia del Club Náutico de Altea y de la regata está muy unida a los Astilleros Orozco, fundados por Juan Bautista Orozco Moltó y dedicados en sus comienzos a la construcción de barcos pesqueros. Sin embargo, el turismo creciente en el Levante español en los años sesenta trajo consigo un mayor interés por los deportes náuticos y los astilleros se inclinaron cada vez más por la fabricación de embarcaciones recreativas como las emblemáticas Orozco 25 y Orozco 42. Uno de los impulsores de este cambio fue Francisco Orozco, hijo del fundador de los astilleros, que muy pronto comprendió también la necesidad de crear un Club Náutico en la Bahía de Altea. En los años 70 el puerto pesquero no tenía cabida para la creciente demanda de las actividades náuticas y carecía además de los servicios de agua, luz, protección de temporales y un espacio para poder limpiar los cascos en invierno. Esta situación impulsó a Francisco a constituir junto con unos amigos la Junta Provisional del club Náutico de Altea. Fue el 19 de marzo de 1977 y seis meses después se firmó el acta constitucional del Club.


Francisco Orozco fue nombrado presidente y Altea inició así su camino hacia una nueva etapa, la náutica. Los comienzos no fueron fáciles y el Club contaba apenas con una barraca prefabricada y unos pantalanes flotantes pero los trabajos no cesaron y en 1982 el Club tenía un edificio social, carena, suministro de combustible y otras instalaciones. En la actualidad gestiona casi la mitad del puerto de Altea, tiene 360 amarres deportivas para embarcaciones de una eslora máxima de 30 metros. El equipamiento incluye todo lo que se espera de un Club Náutico moderno, contando también con restaurante, piscina, duchas además de la Bandera Azul desde 1988.

Pero el Náutico de Altea no es solo un lugar para atracar barcos. El objetivo de Francisco y sus amigos fue siempre crear un espacio para fomentar la cultura y las actividades que giran entorno al mar y al Mediterráneo. Así, con las instalaciones recién inauguradas se impulsa con rapidez la creación de una escuela de vela, un Comité de Motonáutica y la organización de varias regatas entre otras actividades hasta tal punto que el Club es en la actualidad un referente en gestión deportiva y portuaria en la Comunidad Valenciana.

En la actualidad no faltan a lo largo del año cursos de todo tipo, desde la vela hasta el remo pasando por kayak, buceo, natación y pesca, entre otros. Especial mención merecen también los campamentos de verano destinados a los más pequeños con el objetivo de fomentar el interés por las actividades náuticas.



El Club organiza asimismo durante todo el año numerosas regatas, tanto para niños, jóvenes y adultos, de carácter nacional e internacional y de entre todas ellas la joya de la corona es sin duda la regata 200 Millas A2 que este año ha sido designada por primera vez como el Campeonato de Europa ORC A2. La decisión fue tomada por la autoridad mundial Offshore Racing Congress, ORC, fundada en 1969 cuya misión es asegurar que barcos de diferentes tamaños y diseños puedan competir en una misma regata pero bajo iguales condiciones. Así mediante una tecnología avanzada se tienen en cuenta las mediciones y los hándicaps de las embarcaciones para poder situar a los barcos en su nivel correspondiente.

Las 200 Millas A 2 nace en 1986 y es una iniciativa de Daniel Campagne y Tiste Orozco (nieto del fundador de los Astilleros Orozco). El leitmotiv de la regata es «la superación de los límites frente a la dureza del invierno». Desde su creación, el objetivo fue desafiar la capacidad técnica, física y estratégica de los navegantes porque se trata de resistir y poner a prueba el talento de navegación de una tripulación compuesta por solo dos personas. Dicen que es «la regata de los valientes» porque se desarrolla incluso bajo las condiciones meteorológicas más adversas convirtiéndose así en la más dura de invierno en el Mediterráneo. El objetivo desde sus inicios ha sido fomentar la navegación de altura y conseguir un respaldo para formar parte del calendario náutico internacional, algo que ha quedado consolidado en este 40 aniversario.

El pistoletazo de salida será el jueves 5 de marzo. Los barcos partirán desde la bahía de Altea y deben bordear las islas de Ibiza y Formentera, dejándolas por estribor (derecha) y regresar al puerto alteano. La distancia aproximada son 200 millas náuticas, unos 370 kilómetros. La duración de este recorrido es siempre incierto ya que los navegantes dependen de la meteorología y sobre todo del viento ya que los motores de las embarcaciones que son todas a vela están clausurados. Y como era de esperar este año se ha batido el récord de veleros inscritas, 70 en total, con una fuerte presencia de Bélgica, Francia, Alemania, Italia, Reino Unido y España, por supuesto. Entre los participantes se espera la de Martin Buck e Yves de Block, que son en la actualidad los campeones del mundo de ORC A2, aunque tendrán que luchar contra Thierry y Juan Lallemand, padre e hijo, que están entre los favoritos tras haber ganado en el 2024 y 2025 además de tener el bronce mundial en el A2 del 2023. Pero hay muchos más nombres como Iñaki Castañer, con 10 títulos mundiales, Guillermo Altadill, uno de los navegantes oceánicos más respetados del planeta, con 10 vueltas al mundo o José Ballester y Andrés Manresa, también bicampeones de las 200 Millas A 2 y que siempre figuran en las quinielas por su experiencia navegando en condiciones extremas. Todos los regatistas tienen las mismas posibilidades y aspiran a los premios que consisten en lingotes de plata, unos premios que se han convertido en una de las señas de identidad más famosa de esta prueba.

Pero además este año, y con motivo del 40 aniversario, la regata va mucho más allá de la competición deportiva. Los habitantes de Altea que todos los años siguen con interés el evento pueden asistir a una serie de actividades culturales relacionados con el mundo de la navegación. Hay proyecciones de documentales, charlas literarias, charlas de navegantes sobre sus experiencias alrededor del mundo, simulacro de rescates marítimos y hasta un escape room para los alumnos de los colegios e institutos alteanos. También es de destacar la colaboración del Club Náutico con la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Miguel Hernández, cuyas instalaciones se encuentran en Altea. El Club convoca todos los años un concurso con dotación económica abierto a los estudiantes de la facultad para diseñar el cartel oficial de la regata.
Texto Elisabeth Norell


