Foto: Mario Ayús

Recuerdo la primera vez que fui, hace muchos años, a la Casa Museo Modernista de Novelda. Era un día de finales de abril. Era uno de esos días de primavera en el que tienes claro que ya se anuncia el verano por su cielo azul limpio y por sus golondrinas revoloteando y piando.

Un día gozoso, un día que ya empezaba con pureza y que sabes que te predispone a algo bueno.

Al llegar a la calle Mayor nº 24 y, ante aquel majestuoso edificio, fue donde me hablaron de Antonia Navarro Mira, vulgarmente conocida como “La Pitxoxa”. Un apodo que, quizás, fue puesto con mala intención ya que su connotación despectiva hacía referencia al aspecto poco femenino de Antonia. En realidad, las palabras exactas que llegaron a mis oídos fueron las de “una mujer hombruna”.

Esta mujer nació el 21 de abril de 1846. Se casó con Luis Navarro Abad pero quedó viuda en 1873, tan sólo 8 años después de la boda. Fruto del matrimonio nacieron sus tres hijos: Carmen en 1867, Antonio en 1871 y Luisa en 1873.

 

 

La mala fortuna y una grave enfermedad que el dinero que su posición acomodada le brindaba no pudo salvar, se llevó a su hijo Antonio con solo 12 años. Otra gran pérdida personal, después de su marido. Y aún faltaba la siguiente y la que sería determinante en el modo de dirigir su vida: la de su padre en 1899. De él heredó una buena fortuna pero, sobre todo, heredó una gran habilidad para dirigir los asuntos de negocios ella directamente. Por lo tanto, el núcleo familiar de Antonia se redujo a ella con su madre y sus dos hijas. Solo mujeres. Un auténtico matriarcado familiar. Y decidió afrontar la vida con valentía viajando y poniéndose al frente del negocio familiar ella sola en un mundo laboral ocupado mayoritariamente por hombres, donde obtuvo un éxito considerable ganándose el respeto y el prestigio en el ámbito empresarial. Quisiera resaltar que estamos en 1899 donde este estilo de vida que Antonia empieza a llevar es muy llamativo por lo poco femenino que resultaba en la época y en una esfera social acomodada.

Realizó con sus hijas, viajes a ciudades tan modernas y sofisticadas como Barcelona, San Sebastián, Viena, Paris, Berlín, Florencia… Incluso veranearon en un lugar tan selecto como Fuenterrabia, lugar elegido años atrás por Isabel II. De todos esos viajes fue recogiendo y absorbiendo todas esas corrientes culturales tan novedosas que emergían en cada ciudad como es el Art Nouveau, el Sezesionism, el Liberty Style y, sobre todo, se trajeron con ellas el cosmopolitismo y la apertura de mente que sólo da el viajar y el conocer lugares diferentes. Todas estas influencias se ven claramente reflejadas en esa casa palaciega que ordenó construir y que hoy conocemos como Casa Museo Modernista.

Al entrar en la casa y traspasar la puerta de rejería interior, se llega al zaguán donde lo preside una espectacular y elegante escalera de mármol. Supe ahí mismo que ya había nacido un vínculo en mí con aquella maravillosa casa y aquella maravillosa historia.

Algo que desde entonces también llamó poderosamente mi atención en este espacio era que había un rostro de mujer integrado en la decoración, como aguantando el peso de esa construcción de una forma muy solemne. Así como la Luz, esa luz indescriptible que se irradiaba desde la luciérnaga de arriba llena de flores y colores pastel.

Todas las características del modernismo se condensaban en esta casa mágica. Y es un lugar donde encontramos una gran presencia de la mujer como exaltación máxima de la belleza. Una auténtica alegoría al mundo femenino, a su belleza pero también a su fuerza y a su alegría de vivir… Todo envuelto en colores pastel, en curvas sinuosas como medida de la naturaleza y especialmente envuelta en Luz. Siempre la Luz.

Como he dicho anteriormente, confieso que me cautivó la historia familiar de Antonia y sus antecedentes, antes incluso de entrar a la casa y descubrir su majestuosidad. Era como una mezcla de intriga y curiosidad por el espíritu que lleva cada casa antigua.

Muchos años más tarde y ya siendo Guía oficial, tuve la oportunidad de volver a aquella casa que me hechizó y que, por vicisitudes de la vida, volvía a ella pero esta vez para contarle a los turistas la historia valiente de La Pitxoxa y mostrar esa casa a la que siempre quieres volver. Fue como volver a un primer amor. Algo en mí sabía que volvería, porque en el fondo uno sabe que hay lugares a los que vas a volver de nuevo… De hecho, actualmente es uno de los lugares que más visito y disfruto como guía.

Siento Amor por esta casa y por la alegría de vivir que me transmite. Y Antonia es uno de mis referentes personales como Mujer Valiente y Decidida y, más en un día tan significativo como es el “Día de la Mujer Trabajadora”. Ella rompió moldes en su época.

Además, para mí es un poderoso recordatorio de que “Estamos vivos y hay que luchar ante las adversidades que la vida nos trae”. Porque, definitivamente, hay que ser felices a pesar de todo. O al menos, intentarlo.

 

Dedicado a Lucia,

 

Novelda, 8 de marzo 2018. Angel Luis Marcos Pavón Ortigosa